“Vas a acabar saliendo a la calle con chistera”
(y para que veáis un signo de modernidad en este nuevo experimento, he escrito esto en rojo).

Es lo que me ha dicho mi madre cuando le conté que me había hecho con una máquina de escribir.
Y es que creo que tras ver que escribo cartas, que uso tocadiscos, que grabo cintas de cassette, que uso para pinchar unos auriculares alemanes que datan de 1960 que son lo más (estéticamente, eso sí, porque en calidad de sonido, este tipo de productos sí que han pegado un salto increíble desde entonces a hoy en día), ahora, tras esto, ha pensado que ese va a ser el siguiente paso –al que por otra parte, nunca me atrevería a decir que no, dado lo que me gustan los sombreros, a pesar que los use poco–.

Y es que ahora que lo pienso, chistera igual no, pero un fedora o algo parecido, no me importaría pero nada de nada.
¿No se han puesto de moda las gabardinas?. Pues qué mejor que un buen sombrero que haga juego.
Y es que ya me estoy viendo entrando por la puerta de casa, colgando en el perchero de la entrada, mi gabardina y mi sombrero…

A este paso me acabo convirtiendo en un protagonista de Mad Men, todo el día con el Canadian Club y el Smirnoff –solo, o como parte de un ruso blanco–. Que digo yo, estos señores tienen que tener más aguante que Ernesto de Hannover (o Hangover, como queráis), ¿no?.
Se pasan todo el día bebiendo, y comiendo sólo las aceitunas de los martinis, y eso no hay ser humano que lo aguante.
Pero si yo me tomo una caña antes de comer, y voy más piripi que el de la historia de Leo Harlem que fundía horquillas con el aliento!!
(se me está acabando el papel, creo, así que vamos a cambiar de hoja)
Increíble serie ésta, por cierto. Si dijese que no me ha motivado e inspirado para muchas cosas en estos últimos años, mentiría.
Me llama la atención la historia, la ubicación, los personajes, la ambientación. Es una manera la mar de amena de conocer el gran cambio que se produjo en EEUU en aquellos años.

A lo que iba, que me despisto.
Tras colgar el fedora en el perchero, abriría la persiana de mi bureau para escribir, quien sabe si en la Olympia o en algo más aparatoso como una Underwood o una Remington (sí, lo reconozco, ya me he empezado a documentar sobre máquinas de escribir, porque para seguir la tradición, siempre me da por coleccionar cosas grandes y aparatosas, en vez de, por ejemplo, dedales. Así que quién sabe).
La cosa es que cada día doy un paso atrás en la historia de mi evolución tecnológica, tal vez buscando el sosiego, o simplemente como una manera de reconocer que la tecnología actual estará más desarrollada técnicamente, pero la maldita obsolescencia es una gran tara, teniendo en cuenta que uso aparatos de más de 50 años que funcionan como un reloj suizo.

¿Qué será lo siguiente en probar?. ¿Tal vez una cámara de fotos?.
Seguro que sabiendo que cada disparo cuenta, haríamos mejores fotos, y nos tomaríamos el tiempo necesario para hacer las cosas bien.

Besos para ellas y un abrazo para loss demás.
Se os quiere y lo sabéis.

*Transcripción exacta de este texto:

Obsolescencia-1

 

Obsolescencia-2

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