Coleccionista: dícese de aquel ser humano que padece una variación del Síndrome de Diógenes, por la cual las cosas que acumula en casa le cuestan dinero. A veces mucho

Dado que soy muy dado a coleccionar cualquier tipo de objeto del que tenga dos, o más, unidades –como si viviese en una eterna adolescencia–, esta es la sensación que tengo muchas veces.
Música, películas, máquinas de escribir, equipos de música, auriculares (también conocidos como “cascos”), miniaturas de licores…
Además, es que en el caso de las dos primeras, soy de los que pica una y otra vez con cualquier variación que se haga de uno de los productos originales, llámese “Director’s cut“, “Remaster“, “Special Edition“, “XX Anniversary“, o la variación sobre lo mismo que se les pueda ocurrir a los señores de marketing.

Y si por si acaso alguna de estas ediciones se me escapa, ya tengo a mis queridos amigos que me mandan toda la información que se me haya podido escapar –sin querer o queriendo–, para que caiga de nuevo.
Oye Paty. Has visto esta edición que acaba de salir de…
Mal!! Fatal!! Soy pobre y no tengo espacio.

También coleccionaba otras muchas cosas de las que ya me he ido deshaciendo por esa acuciante falta de espacio.
De entre éstas, me gustaría destacar las revistas Fotogramas y Man.
La primera la compraba por mi amor al cine. Y la segunda… la segunda… probablemente por el amor hacia las mujeres que salían en su portada, en aquellos años de hormonas alborotadas y en plena ebullición. Todavía me acuerdo del numerazo de Arancha del Sol, con el que además me regalaron una maquinilla Gillette (qué cosas, oigan!!).
Qué pena me dio tirarlas, mientras miraba Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser, viendo que se perdían para siempre como lágrimas en la lluvia (esto es claramente una licencia poética, porque recuerdo que ni rayos C, ni gaitas en Tannhäuser, pero queda mejor que decir que las tiraba en un contenedor en el que se leía “Sólo papel y cartón“).

Y luego tengo ese grupo de cosas que acumulo, más que coleccionar, y no sé muy bien por qué.
Y aquí me gustaría destacar, primero, las zapatillas de deporte.
Los que me conocéis, en los últimos 20 años, ¿cuántas veces me habéis visto haciendo deporte?
O siquiera, ¿Cuántas veces me habéis visto vistiendo con zapas?.
Bueno, pues tengo unos 8 pares; ahí, debajo de la cama, ocupando espacio, y con pocas posibilidades de salir algún día de su ostracismo provocado por mi pereza o mi reticencia a cambiar mi look.

Y en segundo lugar, algo que llevo guardando toda la vida: entradas de cine.
Aunque más bien podríamos decir que guardo algo que en su momento fueron entradas de cine, porque ahora mismo son un trozo de papel que por una cara es blanco, y ligeramente satinado, y por el otro pone “2×1 en Pans & Co.” o “Ven a disfrutar de tu pizza por 7,99“.

No me gustaría despedirme sin mandar un cordial saludo a los Chiquitazos, 3sesenta surf, Gigantes del basket, los coches y pistas de Scalextric y TCR, los trenes escala HO –y también, en menor medida, los de escala N-, Tintín, Asterix y Obelix, Lucky Luke, vídeos de Ciudades del Mundo, y fascículos 1 y 2 de multitud de colecciones. Todos vosotros fuisteis parte importante de mi vida en algún momento.

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis

 

P.D.: me gustaría recordar que hay otro tipo de coleccionista, que no es otro que aquel que ha conseguido atesorar 11 Copas de Europa. HALA MADRID!!

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HE VISTO A UN BEATLE!!
LO REPETIRÍA UNA Y MIL VECES