Por temas laborales me he convertido en un asiduo del autobús urbano.
Prácticamente todos los días, misma línea y mismos horarios. Y por ende, mismos compañeros de viaje.

Como el trayecto no es corto precisamente, y voy siempre ensimismado con mis cascos puestos, empiezo a elucubrar sobre la vida de mis congéneres, y a cada uno les pongo un pasado, un presente, e incluso un futuro.

Tenemos al señor a punto de jubilarse que va ya al trabajo por inercia, con cara de llevar 40 años haciendo lo mismo uno y otro día.
A la dependienta simpática que tiene cara de ser capaz de vender una estufa en plena ola de calor.
Están las asistentas que hablan de sus “señores” unas veces bien y otras menos bien, y que como sigan subiendo el tono de su voz, un día les van a acabar oyendo esos mismos “señores” desde sus casas.

Entre la sección juvenil hay dos hermanos, con cara de pánfila ella y de listo él –el Señor no reparte los dones por igual, está claro–, que siempre acaban bajando en su parada peleándose como toda familia de bien que se precie.
Tenemos un casi adolescente con ganas de hacerse mayor, para lo cual se está dejando un incipiente bigote, aun pelusilla, que seguro que le granjea autoridad entre los de su clase.
Está también el niño de padres separados –que una semana coge el autobús en la parada cerca de casa de mamá, y otra cerca de la de casa de papá– y que tiene un amigo del cole, que se monta a mitad de camino, con pinta de ser de la mismísima piel de Lucifer.

Hoy dos monjas, una profesora, una mujer con hiyab que siempre va hablando por teléfono de vaya usted a saber qué, una madre que según deja a su hijo en el cole va a clase de Pilates, el que se queda dormido todos los días según se monta, y que estoy seguro que se pasa de parada la mitad de ellos… Y por supuesto ella –porque siempre hay un ella–, con su coleta perfectamente despeinada, y sus uñas impecablemente pintadas. Su informal forma de vestir, y esa dulce manera de decir “perdón, me deja salir”, si alguien se ha sentado a su lado.

Me gustaría saber qué piensan ellos de mí y si habrán construido historias alrededor de mi imagen. ¿Seré el personaje que va siempre con auriculares y gafas de sol, aunque esté lloviendo o todavía ni haya salido el sol? (hoy ojos que a ciertas horas nunca deben ser vistos)
Quién sabe si igual hasta aparezco en un post escrito por alguno de ellos!!

Sería para mí todo un honor formar parte de la historia de otro, no os voy a engañar.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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A TODO LE LLEGA SU "HACE UN AÑO"
OPERACIÓN... APRENDER, ESFORZARSE, DISFRUTAR