20/04/2014

EN LOS CONFINES DE LA PLAYA

Ya sabéis que soy poco amigo de la arena y menos aún del sol, pero reconozco que aunque sean unos días al año siempre viene bien desconectar e irse de vacaciones en verano.
Y como buen veraneante que se precie, los paseos por la playa son fundamentales como parte de ese periodo vacacional. Aunque cuándo estoy en ello, siempre me surge la misma pregunta:

En qué momento da uno la vuelta cuando está llegando al extremo de la playa??

Y es que es cierto que según te vas aproximando al final, piensas en eso, y te vas fijando en lo que hace el resto de la gente para ver si así encuentras un patrón por el que guiarte ante tamaña decisión.

Les hay que llegan hasta las últimas consecuencias, y su manera de emprender el camino de retorno es el mismo que los nadadores en su calle de la piscina; tocan con la palma la última roca a la que se puede tener acceso sin poner en peligro su vida y retoman la marcha en dirección contraria.

Algunos otros, buscan un punto de referencia físico en medio de la arena (piedras, un palo, una señora mayor sentada en una silla, que dejaron ahí el primer día de verano, y aún continua en la misma posición…), para hacer de él el objeto sobre el que pivotar y hacer ese giro de 180º que les ponga de nuevo en el camino que acaban de hacer.
Y ojo, que este giro no es fácil, sino que requiere de cierta agilidad de las piernas –y sobre todo de las rodillas– en distancias cortas, para no convertir el diámetro de ese giro en una distancia mayor que el propio paseo.

Luego tenemos a ese otro paseante que se toma las cosas con calma, y cuando ve que llega el momento de tomar la decisión, se para, se planta con prestancia, y mirando al mar, otea el horizonte como miraba el Duque de Wellington Waterloo, tras su victoria sobre las tropas francesas de Napoleón. La playa es suya!!
Eso sí, tras esos instantes de grandeza, emprenderá la marcha que le llevará en unos minutos a la conquista de la otra punta de la playa.

Yo por mi parte suelo ser del género que denominaremos “espontáneo”, y que se gira de sopetón, de repente, sin ningún tipo de señal que puede indicar la acción a tomar. De esos que consideran que las cosas suceden simplemente por que sí, y que ningún destino guía nuestros pasos.
El problema de esto, es que lleves a alguien detrás que no respete las distancias mínimas que marca la educación cuando varias personas llevan gran parte de sus cuerpos al descubierto, y que al realizar ese movimiento, te estampanes contra él y pueda producirse el contacto de pieles pringosas por esa mezcla entre arena, salitre, sudor y cremas varias… Es un riesgo a correr, pero estoy to’loco y vivo al límite!!

Y tú, cómo giras??
Usas algún tipo de técnica que desconozco que pueda usar este año, y que me haga descubrir un motivo menos por el que odiar la playa??

Si alguien quiere experimentar conmigo esto, me puede encontrar habitualmente durante la primera quincena de agosto en Comillas, y soy ese ser que baja a la playa en mocasines, y que se pasea con camisa, por miedo a que si me la quito, el blanco de mi piel brille más que la de los vampiros de Crepúsculo.

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: a ver si alguna de las múltiples fotos que haréis cuando empiece vuestro periplo de vacaciones, puede aportar algún documento gráfico a este post. Gustosamente lo añadiré si así me lo permitís.

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MAGNÍFICAS HAN DE SER LAS COSAS
UN PERNOD, S'IL VOUS PLAIT

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