23/07/2014

ME LA SÉ DE MEMORIA

Hace unos días, siempre alrededor de unas copas de esas que llamamos tranquilas aunque sean 5 ó 6 –que es dónde se producen la gran parte de las conversaciones interesantes–, charlaba con mis amigos Toño y Gama, sobre la situación en que dejó Milos Forman a Salieri a los ojos del mundo.
Qué cosas, eh!!

Dos de tres pensábamos que no le deja en muy buen lugar (Gama, recapacita), aunque tampoco es menos cierto que si no llega a ser por Amadeus, cuánta gente conocería a Salieri fuera del circulo de melómanos clásicos, y del grupo de gafotas empollones??
Vamos, lo que es llevar a su máxima expresión aquello de “Que hablen de uno, aunque sea mal”.
Y mientras comentábamos nuestros motivos de porqué pensábamos así, empecé a relatar la escena de la composición a pelo del Réquiem, y de su “Confutatis Maledictis“, momento en el cuál, alguien dijo: 

“Que frikis somos, que nos sabemos las películas de memoria”

Y aquí es donde quería yo llegar, tras esta pedante historia que os he escrito sin sentido aparente.
No es que nos sepamos las escenas porque seamos muy listos –por lo menos en mi caso–, sino que las hemos visto tantas veces, que a poco que tengamos una memoria entre la de un pez y un pingüino emperador, podríamos escribir el guión de más de una película, de memoria.

Y cuando comentamos esto, salió a la palestra cuáles habían sido las películas que más veces habíamos visto cada uno…

Puede que en el cómputo general en mi vida, en un posible Top 10, esté, fácilmente, Love Actually, a pesar de ser una relativamente moderna; o El hombre Tranquilo, que la veía siempre con mi padre desde que era un tierno infante, y que sigo viendo regularmente como un pequeño homenaje a su memoria. Seguro que en esta lista también estarían La Guerra de las Galaxias o El Padrino, cuyo mérito además reside en que rara es la vez que no veo la saga entera.

Pero hay una, sólo una, que tiene el extraño y enfermizo récord de haber sido vista por mis astigmáticos ojos, 14 (ó 15, perdonadme que no esté seguro del todo) veces en dos días… Admiradora Secreta!!!

Sucedió unas Navidades, allá por el, digamos, año del señor 1988-89, encontrándome en plena adolescencia/pubertad, y teniendo mucho tiempo libre, y cantidad de hormonas a flor de piel.
Fue esa peli que nos enseñó, mucho antes que Gossip Girl, que X y O, eran besos y abrazos para los americanos. Esa peli en la que aprendimos a abrir cartas con el vapor de agua sin necesidad de romper el sobre. En la que se vio que los desayunos yankees, además de ser copiosos, pueden ser una auténtica cochinada. Pero sobre todo, sobre todo, fue la película que me descubrió a Lori Loughlin (y su némesis rubia, Kelly Preston, que mejoró con los años, pero que no me llamó tanto la atención en ese momento, aunque pareciese mentira).

Todas estas cosas, en especial la última, fueron las que me llevaron a ese maratón de ver la peli una vez tras otra –y ojo, por supuesto en vídeo, que por aquellas épocas, el Dvd era cosa del futuro, y no os digo nada el streaming–. Así que no quiero ni imaginar con qué calidad la dejé para el siguiente que la alquilase.

Son estas historias tontas que se cuentan, y que son parte de la experiencia vital de cada uno (y que en múltiples formas y situaciones, todos tenemos), las que hacen de nuestra vida una sucesión de acontecimientos, unos acertados y otros no tanto, pero de los cuales siempre algo se aprende.

Lo haría ahora??. Desde luego que no.
Que lo disfruté en aquel momento??. Desde luego que sí.

Permitidme hoy una pequeña concesión en la despedida, como homenaje.

XX para ellas y un O para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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GRACIAS!!
VIVAN LOS NOVIOS... Y LOS TUTÚS

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