07/11/2016

#PDMUR

Puede que ayer diese el primer paso para la instauración de una nueva costumbre en mi nuevo modo de vida que podría empezar a llamarse “Pasando del mundo un rato“.

Me explico.
El domingo estaba siendo uno de esos días que de malos que son, hacen que la llegada del lunes sea casi una bendición.
Así que en plena desesperación, decidí activar el modo avión del móvil como una manera de decir “vamos a cortar cualquier tipo de camino a más posibles desdichas“.
Si la información es poder, la desinformación a veces trae la paz.

¡Y vaya si la trajo!
Desde las 20:00 aproximadamente pasé a ser una persona que podríamos denominar 1.0.
Me desconecté del teléfono por unas horas (casi 12), y recuperé un poco de mi cordura, que había estado perdiendo por momentos a lo largo del día.
Si dejar Twitter es de lo mejor que he hecho últimamente (“Por una cuestión de salud mental” como le dije a mi amigo Javier cuando me preguntó el porqué de mi huida sin retorno), puede que buscar momentos de este tipo pueda ser el siguiente paso hacía la cordura total y la recuperación del control –en la medida de lo posible– de mi vida.

En la película “Un niño grande” –que creo que habría que revisar porque tiene más chicha de la que parecía en un principio–, el personaje de Hugh Grant divide el día en unidades de media hora las cuales va asignando a distintas tareas de su día a día; pues me parece que me voy a empezar a asignar tres o cuatro unidades a la semana, por lo menos,  y gastarlas “Pasando del mundo un rato”.
Seguro que todos conocéis esos momentos que se suelen producir durante el desayuno, en los que te quedas ensimismado con la tostada en una mano a medio camino de la boca (Celia, Ángela, no he dicho “tosta”) y sujetando una taza con la otra, ¿verdad? Pues esa sensación de “me igual todo lo que pase ahora mismo porque estoy encantado de estar mirando a la nada” tuve yo la gran parte del tiempo de #PDMUR.

Tal llegó a ser mi placidez, que a pesar de ser domingo, día sagrado para “pasar el día a la horizontal” (Pecosa dixit), trabajé un rato por la tarde e hice una hora de bici, ¡y sin que nadie me obligase!
Y dormí mejor, del tirón, sin ansiedades de ningún tipo. Por lo que la satisfacción fue casi plena.

Así que recapitulando, en mi nueva vida ya tenemos no ver Telecinco en general, ni a Pablo Motos, Arguiñano o El Chiringuito en particular. Salirme de Twitter. Alejarme de los que no me aportan nada, además de todos aquellos que encima restan. Preocuparme un poco más de mí en vez de sólo en los demás, por el bien general de todos. A lo que ahora añadimos #PDMUR.
Seguimos buscando una mejor vida!!

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

 

P.D.: muchas de estas cosas además otorgan más tiempo para uno mismo, el cual, en mi caso, lo estoy aprovechando para aprender a tocar el piano, que es una cosa que siempre quise hacer por mí y por mi padre, al que tanto le gustaba pasarse horas y horas interpretando partituras.

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