RADIO ENCUBIERTA

Llevaba una semana con bastante estrés, y más teniendo en cuenta que es agosto y no suele haber mucha actividad laboral; y la verdad es que me estaba quemando bastante. Pero hoy, por fin, empezaba a ver un poco de luz al final de túnel, lo cual significaba que iba a tener un ratito para disfrutar de mis grandes placeres, que son el macramé y el coleccionismo de dedales… Bueno, o algo así, porque la verdad soy muy malo con los nombres de las cosas, y siempre me confundo.

No, no. Un momento. A lo que me refería era al cine y la música!!
Eso, cine y música. Macramé y dedales, no.

Bueno, pues eso , que estaba empezando a saborear la posibilidad de sentarme un rato a oír un buen disco, y luego ver una buena peli, momento en el cual mi querida Pecosa (la de veces que te mento por aquí, María, eres la estrella del blog), que es capaz de leerme el pensamiento a miles de Km. de distancia, me ha recordado una película que iba a englobar ambas cosas. Radio Encubierta!!

He de decir, para ser sinceros, que al final no la he visto cuando me disponía a hacerlo, porque por diversos avatares de la vida según la ponía tenía que pararla, y así varias veces, y por supuesto, no se puede ver una película de esa forma…
Y una de estas paradas me ha llevado, como no podía ser de otra manera en una tarde de jueves, a la terraza de un bar, que es en esos sitios donde se habla de las cosas importantes de la vida. O sea, el macramé y los dedales. Digo, el cine y la música… Que me he empeñado yo hoy en confundir términos!!

Y sí, además hemos hablado, y mucho, de cine y música, lo cual me viene al pelo para la consecución de este post.

Por ejemplo, ha quedado claro que los italianos hacen un cine que más nos gustaría a nosotroshacerlo igual, porque cuentan historias, sin más –y eso que “sólo” hemos hablado de ‘Mediterráneo’, ‘Cinema Paradiso’ y ‘La vida es bella’–.
Que ‘Love actually’ es una película que siempre que acabas de ver, te pone de buen humor y con una sonrisa tonta en la cara.
Que ‘Juno’ no puedo dejar de verla durante más tiempo, a pesar que me da un poco de pereza (igual que me pasa con ‘El curioso caso de Benjamin Button’, que aún la tengo precintada).
Que paso olímpicamente de ver ‘8 apellidos vascos’, entre otras cosas porque no me va a gustar,  y lo más importante, porque paso entre mil y dos mil  de ella.
Y sobre todo, ha quedado claro que una película, para el común de los mortales, es buena o mala, en la medida en que te ha hecho pasar un buen rato o no.

Hay que dejar de despreciar, porque unos señores con gafas de pasta y pinta de listos nos lo digan, aquellas películas hechas con la única pretensión de entretener.
El cine es para eso, para entretener, y si luego ya encima ciertos los elementos elevan la película a categoría de obra de arte, mejor. Pero si nos va a aburrir hasta bostezar, yo prefiero no verla, por mucho que el señor Belvedere o su ilustre Sobrino nos la recomiende (señor De Oliveira, señor Pasolini, señor Malick, por ejemplo, tienen ustedes algunos bodrios, por muy bien valorados que sean por la crítica, que no los emitirían ni en Cinematk a las 4 de la mañana).

Y hablando de Belvedere…  También os diré que se pueden tomar copas que no sean premium –no me vayáis ahora de paladares finos, si habéis estado años y años bebiendo calimocho servido de barreños con más costra que el solomillo a la sal que hace mi hermano– como las que me he tomado hoy, y que me han llevado felizmente a casa, donde nada más llegar he puesto, por fin, “Radio encubierta”.
Y ha sido ver, en una de sus primeras tomas, al añorado Philip Seymour Hoffman en su papel de El Conde, pinchar “All day and all of the night” de ‘The Kinks’, cuando me he vuelto a dar cuenta lo que me gusta, ahora sí lo diré bien, la música y el cine; y en muchas ocasiones, lo que me gustan cuando se juntan de manera tan efectiva.

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: Entre tanta música y cine, hemos deducido que tengo que ir a Roma este año. Y además, que si decido irme a trabajar fuera, el sitio elegido tiene que ser Nashville.
Verdad, David??

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