MI 7º ARTE: E.T. EL EXTRATERRESTRE


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Madrid, Navidad del 82.
Entre 30 y 40 Varelas (sí, somos muchos) ocupamos varias filas de un cine de Gran Vía.
El motivo no es otro que ver E.T.. Que en ese momento era la película del año, y que luego demostró que fue la de ese, la del siguiente, y la de muchos más.

Valladolid, julio de 2021.
En la apatía de una tarde de verano, un sólo Varela –yo–, desde el sillón de su casa, ha vuelto a ver la misma película 39 años después.

 

Todo ha venido porque esta mañana, para precisamente matar la apatía que traía el día, me he puesto a escuchar, a todo el volumen que podía sin ser denunciado por escándalo público, el disco de John Williams con la Filarmónica de Viena.
Indiana Jones, Star Wars, Tiburón, Jurassic Park… Y sí, también E.T., The Extra-Terrestrial.
La “reverberación” interna que he sentido al escucharlo, dejaba claro que ya tenía plan para la sobremesa del sábado.

También os digo que esto me pasa casi siempre que escucho una canción que pertenece a una banda sonora.
Es empezar a oírla y automáticamente planear verla lo antes posible.
Aunque no siempre sucede. ¿Verdad, Dreams de The Cranberries y Tienes un e-mail?

Pero hoy sí. Hoy se han dado las circunstancias propicias para ello.
A saber: no tener mucho que hacer, por no decir nada. Que el calor me impedía moverte a más de 10 metros de la nevera. Y que ya que estaba tumbado en el sillón, con al mando del Apple TV en la mano, sería una pena no haber aprovechado la ocasión.
Así que he procedido, en un acto de entrega ciega al destino.

En mi escala de escalofríos, ha subido todas las posiciones de golpe. Toditas.
Por la historia. Por cómo la cuenta. Porque todos los niños en aquella época fuimos Elliot (y estoy seguro que más de un adulto también lo fue). Por recordarme tiempos muy felices en los que todavía estábamos casi todos. Porque en esta época de mierda en la que vivimos, hay que doparse el alma de alguna manera. Porque ¿quién no quiso volar con su bici…?

La estaba viendo, y a pesar de saber exactamente qué iba a pasar en cada momento, era como si fuese la primera vez que la veía, aun siendo de esa clase de personas que se ve las películas (y Mad Men) muchas veces.
Lo hago porque siempre hay cosas que se me olvidan, y me encanta volver a descubrirlas. Hoy, por ejemplo, me he dado cuenta que la película en la que se basa el beso a una jovencísima Erika Eleniak, es, ni más ni menos, que El Hombre Tranquilo. Ahí es nada. “Impetuoso. Homérico”. Nada podía salir mal.

Hace unos días estuve viendo un reportaje sobre The Doors, “When you’re strange”. Salía Ray Manzarek explicando cómo compuso la intro de Riders on the Storm. Según lo veía sentí una extraña sensación de estar percibiendo, a pesar de ser una escena recreada, el nacimiento de un momento mítico de la historia (de la música, por lo menos).
Viendo E.T. me ha pasado lo mismo. Pero en este caso, dado que fui partícipe de ella hace casi 40 años, he sentido que vi el nacimiento, en directo y en primera persona, de una de las películas más grandes de la historia del cine.

Hoy, como entonces, he llorado, he reído, me he emocionado… Y al acabar –por supuesto– me he puesto en pie a aplaudir.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y los sabéis.

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