Victor Laszlo cantando La Marsellesa en Rick’s Café Américain.
Ilsa Lund mirándole…
Yo quiero que me miren así.

 

Ante la imposibilidad de ir a entonar el himno francés a Casablanca delante de las autoridades del III Reich, he decidido que un primer paso para conseguir que fijen así en mí las miradas, podía ser vestirme como el líder de la resistencia para atraer la mirada de alguna Ilsa del S.XXI.
Ropa sobria, de corte clásico, sin estridencias… ¿sabéis a qué me refiero, no? Pues no existe.
No por lo menos para gente que mida menos de 1,90m. y pese más de 75kg.

Mucho se habla de la esclavitud a la que tiene sometida la moda a la mujer, y poco de lo que me tiene sometido a mí y a los que tenemos el patrón de los que dimos el estirón pronto, pero no lo rematamos del todo (yo me crié con Nesquik y sin Nocilla, igual fue por eso).

Sólo buscaba un abrigo de paño gris claro o beige, y un jersey negro. Pues nada…

Vale que el abrigo igual lo he dejado demasiado y ya no quedan muchos por aquello de la in inminente llegada de nueva temporada (que en Valladolid no se puede usar hasta dentro de 3 meses, por otro lado), y de acuerdo que estoy más cerca de ser Alfredo Landa que Eduardo Noriega (¿Eduardo Noriega es alto?) pero lo que había era para vestir a los jugadores de la selección de voleyball como mínimo.

¿Y el jersey negro?
En esta vida ya no se puede ser ni existencialista francés en la década de los 50…
Y ni eso, porque no lo quería de cuello vuelto, que ese sí puedo entender que sea más de invierno. Quería un jersey negro, de cuello a la caja o pico.
Nada… Sólo les había con brillos, accesorios innecesarios (¿acaso no han pensado que el que quiere un jersey negro, a secas, está buscando algo sobrio?), o “pinceladas” de color que yo creo que las ponen para molestar, o para hacer indefinido al vendedor que consiga colocárselo a algún incauto.

He vuelto a casa desolado. Hundido. Pensando en lo mal que estoy hecho y lo poco que me adapto al patrón masculino actual… Menos mal que soy simpático, tengo cierto encanto personal – y como podréis comprobar, la autoestima por las nubes– y me he venido arriba enseguida.

Igual mañana me acerco a, dado que no puedo ser Victor Lazslo, intentar convertirme en Richard Blaine –o sea, Humphrey Bogart–, que alto, lo que se dice alto, no era.
Aunque miedo me da pensar en qué tipos de gabardinas me puedo encontrar… Le preguntaré a mi amigo Pablo, que de esto algo sabe.

Y sino esperaré que la moda cambie, pero me temo que sólo voy a conseguir lo que los exiliados ante la llegada de un visado en la Casablanca no ocupada , que esperaban, esperaban, esperaban…

 

Besos para ellas y abrazos para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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