Categoría: Copas

  • NON-STOP DAY

    NON-STOP DAY

    En estas, las últimas horas de uno de mis ya considerables años, me vienen a la cabeza dos frases:
    «¿Te acuerdas cuando hablábamos de seguido?«. Y sobre todo, «¿Hacemos un non-stop day?«.

    Sobre la primera no hay nada que decir. Es el paso inexorable del tiempo. Punto. Todos lo sufrimos.
    Pero para la segunda, sólo me surge la pregunta ¿Por qué?

    Para quien no sepa qué es a lo que llamo non-stop day, no era más que esos días en los que quedabas a tomar el vermú y aquello se alargaba de tal manera que además del vermú, el paquete incluía la comida, el café torero, la merienda, la cena, las copas de después de cenar, el baile en la boîte, el desayuno, y si te descuidabas, el vermú del día siguiente, si el sol se dignaba a aparecer.
    Y por eso, camino de la senectud, sólo cabe preguntarme ese porqué. ¿Qué necesidad había de esas jornadas gastro-festivas tan excesivas? ¿Tanto nos influenciaron los romanos durante su estancia en Hispania que nos veíamos obligados a honrar a sus dioses con bacanales periódicas, de dimensiones pantagruélicas? Qué excesos, ¡pardiez!

    Soy consciente que la juventud otorgaba, además de la insoportable vanidad del que piensa que ya todo lo sabe, una energía desmesurada. La cual te permitía hacer este tipo de bravatas de las cuales salieron aquellas jornadas que tan grandes momentos dieron – y que tantas anécdotas dignas de ser contadas crearon–.
    ¿Pero era necesario haber acumulado historias como para haber podido escribir una obra que complementase la Iliada y la Odisea? Claramente no.

    He de reconocer que desde la perspectiva en altura que me dan los años –como explica aquí mi amigo Pedro–, veo esto con horror y temor en lo saludable; pero no por ello no dejo de verlo con cierta añoranza por la vitalidad que aquello desprendía, por la alegría con que se vivía, y por supuesto por la numerosa compañía que solía tener en aquellos «días de vino y rosas», que dirían los clásicos  (con más vino que rosas, sin duda, pero eso ya es otro cantar).

    No me importaría vivir de nuevo aquello una vez más, aunque dadas mis últimas experiencias festivas soy consciente que casi con toda seguridad nunca más sucederá.
    Es imposible, tanto en lo psíquico –sí, en lo psíquico, porque la mera idea de tener una jornada lúdica de unas 20 horas por delante no es fácil de asimilar para aquellos que vemos el salir más allá de las 12 de la noche, una operación logística a la altura de las que se desarrollaron en las playas de Omaha o Utah– como en los físico. Porque, como he dicho alguna vez, llevo tantos años saliendo, que los personajes de Friends han pasado de ser mis hermanos mayores a ser mis hermanos pequeños. E igual, pasado tanto tiempo, ya no es momento de poder cambiar el curso de los acontecimientos.

    Aunque ahora que lo pienso, y dado que veo continuamente a gente de edad avanzada entrenando para hacer medias maratones y maratones enteras –con gran éxito, por cierto–, ¿no podré prepararme de alguna manera para volver a vivir un non-stop day como aquellos que nos encumbraron y nos hicieron sentir, por un momento, Dioses?

    Quién sabe… Mientras tanto disfrutemos de lo que hacemos como si fuese la última vez, hasta que un día sea cierto.

     

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: ayer empecé con un primer entrenamiento de 14:00 a 2:00, festival de por medio. Buenas sensaciones. Aún queda mucho. Seguimos en la lucha.
    (Se dice así, ¿no?)

  • EL PISÍN

    EL PISÍN

    Hace sol, y unos amigos me han propuesto ir a su casa, que tiene una estupenda terraza.
    ¿Por qué no?

    Soy amigo del invierno y del frío, pero no desaprovecho una oportunidad así. Y nunca está de más bajar un grado mi tonalidad de blanco.
    Eso sí, ha sido llegar al piso, una enorme nube ha decidido que estoy mejor blanco nuclear, y se ha interpuesto entre el sol y nosotros.
    Tendrá que ser así…

    Y es que las cosas son como son y no se puede luchar contra los elementos.
    Además, uno, que es apañado, ha pensado que el ordenador, que en un principio venía para ser fuente musical, puede ser usado para escribir un post dedicado al llamado «Pisín» que me da cobijo.

    Y es que, a pesar de los años, un centro de reunión, logístico y neurálgico, siempre viene bien.
    Vale para todo. Desde parada técnica hasta restaurante improvisado. Pasando por sala de juego, solarium o cueva para los domingos.
    Porque no todos tenemos mujer e hijos. Y por lo tanto a nuestro cargo sólo tenemos a los amigos a los que cuidar, mimar y dar caprichos.
    Y en este caso son los propietarios del mismo los que me cuidan y miman.

    Si los americanos tienen la casa del árbol, los españoles tenemos pisos de soltero. La fama de disfrutones no se consigue a base de fiestas con medias noches, sino que hay que prender un poco más de fuego al día a día.

    ¿Normas para acceder a él?
    Pues primero, ser respetuoso con los vecinos, que una cosa es vivir con intensidad, y otra ser un bárbaro.
    Y segundo, tener ganas de hacer eso que tan en desuso está, que no es otra cosa que socializar cara a cara –lo cual, después de llevar practicándolo muchos años, es estupendo y altamente gratificante–.
    No hace falta más.

    Aunque los dueños valoran algunas otras cosas como que el invitado no sea considerado el que sólo pide tabaco y se bebe las cervezas que hay en la nevera. Compartir es vivir, pero tampoco es plan convertirse en proveedor oficial de los canallas de la ciudad.
    También, y es algo que puntúa alto, se valora colaborar en aumentar el círculo social existente de cada uno de los presentes.
    Si a «la mujer de mi vida» hay que conocerla en un museo o una biblioteca, no está de más, mientras esto sucede, tantear otros campos y escenarios. Y qué mejor que un pequeño club social como éste, para hacerlo.

    Joven Lázaro, Pablega, Pepu, Xisco, Cuchi (y allegados), gracias por haber creado este oasis de hedonismo en pleno centro de, como dice el señor Gellida, «Valladolid, Capital del Universo».

     

    Besos para ellas y una abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: Marina, Paty, María, Blanca, Paloma, Paula, Cristina, Mínguez y Loreto, son un ejemplo de aumento de círculo social. Un placer conoceros ayer.

  • ALEGATO EN DEFENSA DE LA NOCHE

    ALEGATO EN DEFENSA DE LA NOCHE

    Veintiséis.
    Esos son los años que llevo siendo ave nocturna. Más de la mitad de mi vida, que se dice pronto.

    Y durante ese tiempo he visto de todo. Épocas espléndidas, épocas menos espléndidas, e incluso algunas realmente horribles.
    Pero si algo tengo claro, es que siempre me lo he pasado bien cuando he salido, y no han sido pocas las noches que lo he hecho.
    Noches de lunes, de martes, de miércoles… Bueno, de cualquier día, y así acabo antes.

    Con varias generaciones he compartido andanzas como Don Quijote y Sancho. Y con cada una de ellas he podido ver el cambio de gustos y de costumbres; pero insisto, con todas he disfrutado.
    Así que no puedo decir que Valladolid sea una ciudad aburrida, como muchos afirman.

    Al contrario, creo que somos una ciudad de lo más cómoda para salir, ya que tenemos diferentes tipos de bares, de música y de ambientes, a dos pasos mal contados. Y eso es algo que no se puede decir de todos los sitios.

    Igual también es porque he sabido adaptarme a lo que había. Y sobre todo, siempre me he rodeado de gente dispuesta a disfrutar.
    Ahí creo que radica el secreto.

    He bailado cuando ha hecho falta, he intentado ligar –con desastrosos resultados en el 99% de las veces– si la situación parecía propicia, he buscado los jaleos justos. Y por supuesto he charlado mucho al amparo de esas copas –que empezaron llegando en vaso de tubo y con mezclas empalagosas, y que están llegando cada vez más en formato de vaso ancho y bajo– que te hacen ver el mundo con una clarividencia propia del mejor estadista.

    La mejor noche no siempre es aquella en la que más te has reído. Hay muchas formas de disfrutar de una situación.

    Se decía que Valladolid era una referencia a nivel nacional en lo que a música electrónica se refiere, y que por eso esta ciudad tenía vida.
    Pues mirad, yo jamás he escuchado esa música, así que por ahí no venían esas alegrías que tanto se reclaman ahora.

    Pero sí reconozco que la música ha sido una parte importante de esa diversión. La que he querido la he encontrado; unas veces a la primera, y otras muchas abriendo y cerrando puertas hasta dar con la adecuada. Y si ha hecho falta, me he metido en cabinas que no eran mías para ponerla (con educación y buen rollo se consiguen muchas más cosas de las que pensáis).
    Aunque también, sin embargo, he llegado a estar horas y horas en bares en los cuales ni me he fijado qué estaba sonando, y me he sentido de lo más a gusto allí.

    Insisto, el secreto es saber adaptarse a lo que te rodea. Y sobre todo saber que la diversión empieza por uno mismo. No esperes que los demás te la proporcionen, porque ahí es cuando te llevas los desencantos.
    Horas me he pasado en un bar que al mismo tiempo era una tienda en la que se vendían garbanzos y Cola-Cao –con algunos de sus parroquianos en zapatillas de estar en casa, y no me refiero precisamente a slippers de 200€ el par–. Y cuya mayor propuesta era el dar a elegir entre aceitunas picantes o no, de aperitivo (que por cierto, como picaban, ¡Dios Santo!).
    De los sitios más insospechados se puede sacar petróleo.

    Así que os invito de nuevo a que disfrutéis de lo que tenéis a vuestro alrededor.
    Todavía hay muchos bares que descubrir, mucha música que oír (o no), muchas mujeres a las que cortejar. Y por supuesto, muchas charlas pendientes.

     

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

  • EL ALCOHOL Y LA DEMOCRACIA

    EL ALCOHOL Y LA DEMOCRACIA

    Tuve boda en Madrid el sábado. Y como toda persona de bien que se precie, salí el viernes.

    Para variar, acabé entrando en una de esas discotecas en las que es más fácil pedir una botella en la puerta que hacer la cola pertinente que tiene cualquier establecimiento de la capital –ya sea una panadería, una administración de lotería o una escuela para aprender a hacer cola–.
    No me preguntéis el nombre del local, porque no me acuerdo. Y mucho menos, dónde estaba.

    – ¿Qué pedimos?
    – A mí me gusta el whisky.
    – A mí la ginebra.
    – Pues a mí el ron…
    – Vale, entonces una botella de vodka.

    ¿Esto es lo que llaman la elección del mal menor?
    ¿O tal vez es aquello de «O jugamos todos o pinchamos la pelota»?

    Dado que la elección del alcohol importaba poco, lo que te echases con él, menos.
    A día de hoy, aún no estoy muy seguro de con qué bebí el vodka. Primero porque creo que jamas llegaré a ser sumiller, ni aunque en la elección para ello quedásemos finalistas el desagüe de un fregadero y yo. Y segundo, porque no nos engañemos, hay ciertas copas que saben todas igual en ciertos sitios Y más a ciertas horas.

    Además, de noche, y esto lo he aprendido con los años, todos los gatos son pardos, las mujeres guapas, y las copas se vuelven de un color atornasolado que hacen imposible su identificación visual, a no ser que tengas poderes en los ojos.
    Y si quieres diferenciarlas con el olfato, lo más que vas a conseguir es beber por las fosas nasales, porque siempre hay alguien que en ese justo momento te empuja, y haces que toques el culo del vaso con la punta de la nariz.

    Pero bueno, que allí nos tomamos unos combinados entre intento de baile e intento de baile. Y digo intento porque como bien sabréis, instrumentos invisibles toco todos los que hagan falta, pero bailar, lo que se dice bailar, lo mismo que la fea de un pueblo cuando había carnet de baile…
    Y como con esa música que había, yo únicamente «put my hands up in the air»,  y con eso sólo no basta, a no ser que quieras que parezca que estás llamando al camarero todo el rato, el resultado fue lamentable.

    Así que menos mal que alguno de mis amigos dijo sabiamente:
    – Vámonos, que en unas horas tenemos que pasar revista, y como nos despistemos un poco, lo más que vamos a pasar es un mañana horrible.

    Por qué no dejaré ya de ir a discotecas, si hay ciertas horas en las que el mejor sitio en el que puedo estar es, no sé, desayunando unos torreznos y unas bravas, por ejemplo.

     

    Besos para ellas y una abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: Increíble boda. Salió todo a la perfección.
    Bárbara, Pablo, no me cansaré de decirlo una y otra vez, gracias, gracias, y nuevamente gracias!!

  • ANIVERSARIO TRAS ANIVERSARIO

    ANIVERSARIO TRAS ANIVERSARIO

    Decía Patty Simcox a Sandy: «Espero que vengas a animar a los chicos del equipo. Lo pasamos muy bien y hacemos amistades entrañables».
    Yo no sé que se sentirá en esos partidos de Rydell. Pero lo que sí sé es que esos momentos buenos, y esas amistades entrañables, yo las hago en los aniversarios de los bares.

    Creo que cada vez está quedando más meridianamente claro que las nuevas generaciones tienen otros hábitos a la hora de salir –a excepción de unos pocos valientes que siguen las más arraigadas tradiciones españoles de cañas y copas los fines de semana, a pesar de no ser lo habitual–.
    Es por esto que en los aniversarios de los bares nos solemos ver casi siempre las mismas personas –que somos justamente las que seguimos saliendo todos los fines de semana, cual penitentes en busca del perdón–.

    Hace unas semanas pude asistir, e incluso formar parte, del 18 aniversario de Molly Malone.
    «El Molly» es uno de los bares insignes de Valladolid. Y del cual fui parte de su plantilla durante muchos años, en diferentes etapas.

    Bueno, pues allí nos encontramos lo mejor de cada casa.
    Había caras que has visto cientos de veces, a pesar de no ponerlas nombres. Otras muchas a las que pones nombre y simplemente saludas. Y por supuesto una gran mayoría de ellas a las que pones nombre, saludas y con las que te tomas los vinos, las cañas y las copas que sean necesarios para convertir una simple noche, en un festival de luz y de color, que diría Marisol (de mayor, Pepa Flores).
    Mucha noche allí reunida.

    Había más desenvoltura por la barra que la que tendría un equipo de gimnasia rítmica repleto de niñas de la URSS a las que habían robado la infancia. Mucho saber hacer a la hora de pedir consumiciones y platos de jamón. Porque seremos golfos, pero no maleducados ni ansiosos. Además, el truco está en que en la primera vuelta ya tienes que haberte hecho amigo de, por lo menos, dos camareros con bandeja de comida y de otros tres de barra. Eso es de 1º de bodas y fiestas de aniversario. Y te va a garantizar que no te pases hambre ni sed durante un buen rato.

    La verdad es que se agradecen estos eventos, porque a pesar de que seguimos teniendo el espíritu joven, el nivel de crapulismo mengua casi sin excepción. Y por distintos avatares de la vida, muchos de nosotros no nos vemos tantas veces como nos gustaría. Así que aprovechamos estos momentos para hacer la mayor de las exaltaciones de la amistad posible.

    Sí que es cierto que, al principio, te intentas poner al día de la vida de cada uno. Pero lo realmente divertido es sacar a colación el pasado. Ese pasado del que a veces estamos orgullosos, del que a veces estamos arrepentidos, pero del que siempre que lo recordarnos nos sirve para conseguir que la sonrisa nos aparezca en la cara, como paso previo a la carcajada que vendrá después. Tras oír, por trigésimo cuarta vez, las historias de cuando éramos unos pipiolos y bebíamos 43 con Coca-Cola o Cointreau con piña, creyéndonos mayores.

    Y para no romper otra de las tradiciones –que se convierten en ley, historia tras historia–, te quedas en el bar hasta que te barren.
    Pasas de ser un cliente amigo, a ser ese pesado que no se va nunca, y que sólo hace que cierren más tarde. Pero al que, en el fondo, aprecian y hasta quieren un poco.

    Porque sí. Puede haber días en los que te hayas llevado del tirón todos los puntos para ser el tonto de la noche. Pero al final, mañana será otro día, y la cuenta estará de nuevo a cero.
    (¡Ojo! Siempre y cuando no te lleves ya el premio en propiedad por haberlo ganado 3 días consecutivos, o 5 alternos).

     

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

  • HISTORIAS DE UNA CABINA: POP MUSIC

    HISTORIAS DE UNA CABINA: POP MUSIC

    – Oye, la música está muy baja!!
    – Da igual, tú escucha a la gente, que se las canta todas!!

    Ésta podía ser una descripción bastante aproximada de lo que fue el PoP.
    Lugar singular, que durante dos años (la fiesta del segundo aniversario, fue al mismo tiempo la fiesta de despedida) fue una auténtica referencia de la noche vallisoletana.
    Era un bar que estaba fuera de zona, en el que hacía calor, dónde la música estaba baja, y no es que fuese especialmente bonito… Pero siempre estaba lleno de la gente más guapa de la ciudad. Y que además, era la más divertida!!

    ¿Por qué?
    Lo he dicho alguna vez de algún que otro bar, pero es que aquí se repite aquello de que todo el mundo se conocía; y los que no, en un par de días allí, amigos para siempre. «Where everybody knows your name», que decía la canción de Cheers. Éramos una familia, y aquella nuestra casa.

    ¿Que para entrar a saludarme a la cabina había que pasar por el medio de la barra?
    Pues se pasaba y punto.
    El camarero que estuviese aquel día, miraría simplemente que no desmantelabas la barra al pasar (que alguno la desmanteló, os lo aseguro), y ya está. Esa era la única premisa que había que cumplir para meterte allí.
    ¿Que había que echar una mano porque algún camarero se había puesto malo?
    Pues nada, «ya me pongo yo la copa, y de lo que voy, pongo unas rondas hasta que se tranquilice aquello un poco». De hecho, el último día, aquello fue self-service. Porque total, ¿para qué queríamos que sobrase nada?

    Teníamos un almacén que valía para todo. Desde su función primigenia de almacenaje, hasta sala extra si había que desahogar un poco el aforo; pasando por camerino o cubículo de intimidad para fuertes y repentinas pasiones.
    Que no se dijese que allí no se aprovechaba el espacio!!

    Creo que allí fue la primera vez que vi a un bar completamente lleno y entregado, cantando todos a coro «El equilibrio es imposible», en una especie de éxtasis comunitario, que para el que ponía la música –en este caso yo– le suponía el culmen de la satisfacción personal por conseguir esa compenetración con su público. TO-DO-EL-BAR!!
    Ésta, y «Turnedo» eran los himnos oficiales del bar, junto con, por supuesto, «New York, New York» (que por algo es mi canción, y que será la última que pinche en mi vida, el día que decida jubilarme).
    Gran música se pinchó allí. De todo además. Había cabida para casi cualquier tipo de petición. Total, no se iba a oír…

    Y no os penséis que era todo orgías y desenfreno, porque allí también se fomentaba la actividad cultural.
    Y si no, decidme qué eran esas partidas en la máquina del Photo Play al Trivial, dónde aseverabas las respuestas con más seguridad que en la defensa de una tesis doctoral, como resultado de la insultante confianza en uno mismo que de haber confraternizado con Jack, Jim, Johnnie rojo, Johnnie negro y José en la misma noche (Ohh, Coyote Ugly, que de frases nos diste a los hosteleros). O en aquel otro juego de encontrar las diferencias entre los dibujos de Morcillo, que cuando te quedaba 1 segundo dabas con todas las manazas a ver si sonaba la flauta. ¿Eh?

    ¿Y aquellos cierres clandestinos, en los que te tirabas más tiempo tomando la última que el que habías estado trabajando?
    Allí sólo había buen rollo, y charlas interesantísimas dónde arreglabas el mundo; y que por supuesto sucedían tras haber subido un rato a tocar la batería que estaba encima de la puerta (subir era fácil, pero bajar, ya no tanto). Santa paciencia los vecinos, madre mía…
    Además acabábamos siempre con un desayuno compuesto por langostinos plancha, bravas y tortilla rellena, para no irse uno a la cama con el estómago vacío, que dicen que es malo.

    Juan, Jaime, Alfonso, creasteis una bestia parda con forma de bar, que la verdad nos dio la vida a muchos.
    Creo que sería imposible enumerar a toda la plantilla y amigos que por allí pasasteis, así que un saludo enorme a todos. Fueron dos años cojonudos.
    Los que por allí estuvisteis, y leáis esto, saludad (ya sea en Facebook o en los comentarios), que seguro que nos juntamos lo mejor de cada casa.

     

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: presencié en ese bar algo que nunca más había visto, y que creo que nunca más veré. Vi al camarero de mi barra quedarse dormido mientras ponía una copa. Aunque para ser justos, hay que decir que fue por agotamiento. ¿Verdad, Gordi?

  • NO HAY HUEVOS… PERO SÍ PATATAS

    NO HAY HUEVOS… PERO SÍ PATATAS

    No soy yo contrario a adoptar costumbres de otros países y culturas.
    De hecho, creo que soy bastante aficionado a las americanas en general. Y las referentes a su comida, en concreto.

    Siempre me llamó la atención el brunch, y esa cualidad que le veía de calmar los desasosiegos que se pueden tener una mañana de domingo si has tenido un «mal despertar».
    Con sus huevos benedictinos, su bacon churruscante, su Bloody Mary bien cargadito, y cualquier cosa grasienta que se te pasase por la cabeza a esas horas.

    Pero hoy, justamente hoy, al leer una cosa al respecto, me ha embargado de pronto un sentimiento patrio que me ha llevado a pensar algo… Esto ya lo hacía yo desde los 16 años!!!
    Eso sí, a mi modo.

    Y me explico:
    Todos los domingos, a eso de la una del mediodía (por aquello de que no es sano madrugar), los crápulas de mis amigos –que son unos crápulas, pero bellísimas personas– y el que suscribe, quedábamos en el bar El sendero.

    Con más sueño que hambre –y con más dolor de cabeza que sed– pedíamos una de las cosas más maravillosas que he comido en mi vida –no por el plato en sí, dado que lo he podido comer en otros sitios, sino por cómo estaba hecho y lo bien que sentaban–: LAS PATATAS AL REMOLINO.
    Para quien no lo sepa, son unas patatas soufflé con una salsa alioli bastante ligera, y espolvoreadas de pimentón.
    Y todo bien regado por unas jarras de cerveza para pasar el trago, por supuesto.

    Pues estas patatas eran un auténtico reconstituyente de cuerpo y alma. Al tiempo que te despejaban la mente para poder hablar de las barbaridades que habías hecho la noche anterior. De jurar y perjurar que no las volverías a hacer (y al mismo tiempo, de estar seguro de que en ese momento mentías).
    Era uno de los mejores momentos de la semana, a pesar del cuerpo escombro que llevabas (y eso que tienes 20 años, que es esa edad fantástica en que la resaca es simplemente una fuerte corriente del mar), porque departías con los amigotes de toda la vida confidencias y risas alrededor de algo tan español como son unas cañas y unas patatas.

    ¿Huevos benedictinos y bloody mary?
    En España las resacas se pasan con guindillas y cerveza. Aunque si no eres un auténtico profesional de esto, puedes cambiarlo por cualquier modalidad de encurtidos en vinagre y agua, que tampoco es plan de estar, a los 5 minutos, más bolinga de lo que ya estabas.

    Porque, vamos a ver, ¿Tú te levantas un domingo, con esa cara que no sabes ni siquiera si es la tuya, y tienes la mente lo suficientemente fría como para preparar un huevo poché, sobre un muffin ligeramente tostado y bacon? ¡Y encima cubrirlo todo de una suave salsa holandesa!
    ¿Pero acaso sabes lo que es una salsa holandesa?

    Tú abres la nevera y te echas al coleto lo primero que encuentras para hacer que eso que revolotea en tu estómago, y que estás seguro que no son mariposas, pare.
    Esto incluye guindillas, cebolletas, pepinillos, una salchicha de Frankfurt –cruda, fundamental–, o cualquier tipo de mejunje que tengas allí guardado.
    Y bien de agua.
    Pero bien bien. A ver si así, de una vez, ahogas lo que tienes ahí dentro (si el tío al que le sale el alien del estómago, llega a ser español, eso no le pasa. Antes le hubiese ahogado entre abundante vino y licores, que para eso estaban cenando).

    Luego ya, si tienes a bien, te vas a la cafetería a tomarte los huevos benedictinos, el cronut o los muffins. Y a pedirte un doble caffè macchiato con bien de espuma y una ligera capa de canela.
    Aunque yo te sigo recomendando que te vayas a por unas cañas, unas patatas al remolino, o unas buenas bravas.
    ¡Ay, las bravas…! Si es que pienso en ellas, y se me nubla la mente. Son las «perlitas» de mi gusto culinario.

     

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

  • UNA Y A CASA

    UNA Y A CASA

    Cuenta la leyenda,
    que un árbol se encontraba encaramado un indiecito guaraní…

    La verdad, es que la leyenda a la que yo me refería no era ésta, sino esa que dice  «Una, y a casa«.
    Y sí, nuevamente hoy, NO se ha vuelto a cumplir.

    Creo que fue ayer cuando fui a quedar, bajo esa premisa, con Sergi «La Bestia».
    Y
     yo, que soy un tipo previsor, a la par que mayor, preferí posponer esa reunión de trabajo en vista que aquello no me iba a llevar a nada bueno –o mejor dicho a mucho bueno, pero nada productivo–.
    Mejor otro día en que tuviese la total certeza que íbamos a quedar para hablar de negocios.

    Tras salvar aquel escollo, hoy recibí de nuevo una propuesta parecida, aunque esta vez bajo ninguna excusa laboral, de parte de una persona a la que conozco desde la más tierna infancia (sí, Peque, eres tú). Y a quien le aseveré, sin ningún tipo de duda o dilación, que si hubiese un contenedor en el que se guardasen todos y cada uno de los mensajes, whatsapps, llamadas de teléfono o golpes de tantán, mediante los que nos hemos comunicado desde el año 89 en que empezamos a tomar «una, y a casa», en el 90% de los casos hubiésemos mentido. Y en el 10% restante, no hubiésemos dicho la verdad.

    Pero lo mejor de todo, es que nos seguimos engañando. Y además nos encanta.

    Qué hay mejor que ese día es que de forma sibilina nos queremos convencer los unos a los otros diciendo que el día va a ser tranquilo, pero al final una cosa lleva a otra, y como bien decía el maestro Yoda «Todo lleva al lado oscuro».
    ¡Esos días son los mejores sin ningún tipo de duda!

    Además, por algún extraño motivo, ese día te encuentras a otros tantos engañados –hoy mismo, mi amigo Juan, de quién omitiremos dar más pistas. No sea que la fiscalía caiga sobre él (o su futura mujer, que para el caso es lo mismo)–.

    Lo cual te hace pensar que si todos estamos guiados por una mente maquiavélica que nos hace desviarnos de la senda correcta,
    ¿quién demonios es el poseedor de dicha mente?
    Porque por supuesto, al día siguiente, cuando alguien nos pregunte quién nos engañó, nunca seremos nosotros el alfa y el omega de semejante aberración. Siempre será una tercera persona quien nos arrastró a los abismos de Hades.
    ¡Siempre!

    Así que ya sabéis. Cuando os propongan «Una, y a casa», dejaos engañar.
    Es probable que es día se torne en divertido. Y eso, a día de hoy, es mucho.

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: Pitu, en días como hoy, mejor llevar pantalones con las perneras hasta los tobillos, que gafas de sol. Verdad??

  • COCINA CREATIVA… AL ALBA

    COCINA CREATIVA… AL ALBA

    Ya es domingo y son 7:30 de la mañana. Llegas a casa redondo, y vas directo a… la nevera.
    La cocina creativa no la inventaron los chefs de relumbrón, la inventaste tú!!!

    Entre dos trozos de pan puede ir de todo, y sobre todo a esas horas.
    Es más, no hace falta ni pan. Entre dos trozos de cualquier cosa puede ir de todo!!

    Es muy bonito ir a desayunar cuando sales del último antro que te ha dado cobijo, y entrar en el bar gritando que quieres un bocata de calamares, un pechuguito, dos de bravas y una jarra de cerveza.
    Probablemente se lo podrías decir en un tono normal, pero entonces no sería lo mismo.
    En un tono normal se pide una tostada o un croissant, con café con leche, y ya. Porque los churros ya pasan al siguiente nivel, y más aún si además del chocolate vas a pedir una copa de pacharán o de anís –para hacer mejor la digestión, por supuesto–.

    Pero hay veces en las que es materialmente imposible llegar a una cafetería, y ahí es donde empieza la odisea.

    Te ves con más hambre que Carpanta, y tu cabeza no está para muchas florituras, así que la imaginación suplirá cualquier habilidad que puedas tener en la cocina, y que ahora está más oculta que la letra pequeña en un contrato de ADSL.
    Puedes intentar cocer algo de pasta, hacerte unas salchichas o un huevo frito; pero la gran parte de las veces en estos casos, vas a intentar que el agua hierva o se caliente el aceite, con la vitro apagada. Así que lo único que vas a hacer es perder 5 minutos mirando fijamente la cazuela, esperando ver las burbujas del agua cociendo, sin ningún éxito.
    Descartado procedimiento 1.

    «Pan. El pan siempre te salva de una aprieto y con cualquier cosa está bueno».
    Buen intento, pero claro, vas a querer comerlo con algo que presumiblemente precisa de ser cortado antes en finas lonchas… Son las 8, estás más perdido que Ernesto de Hannover en la boda del Principe, y quieres usar el cuchillo como si fueses un ninja. Estás seguro que ésta es buena opción??
    Descartado el procedimiento 2.

    Así que ahora sí, es el momento que has estado esperando toda la noche. La cocina fusión hace acto de presencia. Aquello parece El Celler de Can Roca!!

    Lo primero que se suele hacer es dejar un bote de mayonesa abierto, porque cualquier cosa se puede untar con ella. Es más, si lo que estás untando se cae dentro, vas a poder demostrar que el tiempo que perdiste jugando a las maquinas esas de pescar chorradas con un gancho, va a dar sus frutos.
    Ese trozo de tortilla de patatas que dejaste por si acaso pasaba esto, va a ser el mejor pan de sandwich del mundo, y ya no para rellenarlo con jamón o bonito. Te vas a hacer una tortilla rellena de cebolletas, pepinillos y Bocabits, que le va a dar un crujiente muy agradable, y que impedirá que te quedes dormido mientras comes.
    También os digo que cuidado con los snacks, que son muy traicioneros. Los maíces tienden a agarrarse al paladar más que los percebes a la roca, y no queremos sustos, que a esas horas no estamos para urgencias.

    Las lonchas de pavo que tienes para cuando haces régimen, y que comes como un pajarito para merendar, son lo mejor para hacer empanadillas.
    Deja correr tu imaginación. Crea un relleno digno del mejor tres estrellas. Innova, que para eso tienes el bote de mayonesa abierto, y con un poco de suerte estará lleno de restos de todo lo que has untado en él. Coge una cuchara, y a por ello!!

    Por supuesto, si esto se hace en compañía de amigos que vayan igual que tú, aquello puede ser un espectáculo digno de grabar. Yo, si fuese productor de TV, me dejaría de MasterChef, SuperChef y ChiquiChef y empezaba a preparar MelocotonazoChef. Éxito seguro!!

    Y bueno, cada uno tendrá sus platos estrella, que si queréis podéis contar cuáles son. Aunque no pasa nada si os lo guardáis para vosotros mismos en pos de sorprender quizá a alguno de vuestros invitado uno de estos amaneceres.

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: si no descartáis el procedimiento 1 y os da por hacer pasta, gracias a mi amiga Sandriña, hemos descubierto hoy mismo que no pasa nada si usáis espaguetis caducados, aunque lleven así año y medio.

  • CON ESTAS LETRAS YO TE DESPOSO (3ª PARTE)

    CON ESTAS LETRAS YO TE DESPOSO (3ª PARTE)

    «Pueden ustedes ir pasando al salón de baile cuando deseen»

    Estás palabras son como una cuenta atrás en Cabo Cañaveral. Como un pistoletazo de salida en una carrera de atletismo. O como el pitido que indica el comienzo de un partido de fútbol.
    A partir de aquí, lo que suceda en las siguiente horas nunca está escrito. Pero ciertas pautas se repiten boda tras boda, desde el comienzo de los tiempos.

    Lo copioso del coctel y de la cena tiene una simple finalidad… Empapar.
    No nos engañemos, a todos nos gusta que nos pongan unos suculentos manjares, pero de verdad, por lo que cenamos bien es para crear un buen lecho para lo que está a punto de venir.

    Y el primer objetivo es llegar el primero a la barra y así evitar aglomeraciones.
    Eso sí, hagas lo que hagas, siempre estarán allí ya los crápulas. Que yo creo que en determinadas ocasiones, ni siquiera han cenado, y se han ido directamente a tomar copas… ¿A que sí, crapuletas del mundo?
    Y es importante hacerte amigo del camarero, porque de él va a depender que estés bien aprovisionado en lo sucesivo, independientemente de la gente que haya delante tuyo.
    Hazte colega de uno, y tendrás preferencia como un cliente VIP.

    Por lo tanto, ya tenemos la copa, le estamos dando las ultimas caladas al puro, y llega la hora de demostrar todas tus habilidades en el show business.
    ¡¡Vamos a la pista!!

    A todas las bodas se les quiere dar un toque digno y elegante musicalmente hablando, cosa que me parece estupenda, y jamás quitaré las ganas a nadie de hacerlo, pero asumidlo, vais a bailar el Follow the Leader sí o sí.
    Es una verdad no escrita, como que lo que te va a sentar mañana mal van a ser los hielos de agua mal licuada o los limones en mal estado (sólo una única vez en mi vida estuve seguro del tema de los limones, y aquellos sucedió en la desaparecida Posada del Mar. Estoy seguro que si hubiese retirado ese limón de la copa, hubiese salido corriendo…)

    A lo que íbamos, una vez que has asumido que vas a perder cualquier atisbo de dignidad y te vas a bailar lo que te pongan, disfruta. Solo se vive una vez.. Uan, chu, tri. Caramba!!
    Reconozco que soy muy poco dado a los bailes, porque siempre he sido más de tocar instrumentos imaginarios, pero en las bodas me doy unas ligeras concesiones, porque además bailando, se suele ligar bastante (no es mi caso, soy de Valladolid. Pero eso me han contado amigos de fuera), y quiero comprobarlo en mis propias carnes.

    Pero si lo tuyo no es bailar, ni cantar, ni tocar instrumentos imaginarios, tranquilo. Siempre encontrarás al elemento fundamental de una boda, y es ese amigo que va por libre, descamisado, con las gafas de sol puestas, y que es casi seguro que estará en la barra, en la terraza o deambulando por la sala, con una copa permanentemente pegada a la mano, y subrayo permanentemente, porque será así (se ha hecho amigo de un camarero, y ya hasta le ponen las copas sin pedirlas).
    Él te hará compañía en esos momentos en los que tu cuerpo no quiere tanto alboroto y desenfreno musical. Además, va a aguantar hasta el alba y más allá, que por eso se ha puesto las gafas de sol con suficiente antelación, como producto de ese trauma que le produjo el anuncio de Ray-Ban en el que unos pobres vampiros se evaporaban con los primeros rayos del sol.
    Él no es vampiro, pero esa fotofobia ganada año tras año trasnochando, le da cierto respeto.

    Y así ira transcurriendo esta parte final de una boda.
    Les habrá quienes mantengan la compostura. Les habrá quienes no mantengan ninguna. Y por supuesto habrá quienes ni se mantengan ellos mismos.
    Pero como bien dicen las sabias palabras de Massiel, esa grande de España:
    «Ir a una boda y no emborracharse, es de mala educación»
    Y no seré yo quién contradiga las palabras de La Tanqueta de Leganitos, amigos!!

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: este viernes tengo mi cuarta boda en un mes y medio, así que pondremos de nuevo en práctica lo aprendido en este post, que para eso soy yo el autor.

    CON ESTAS LETRAS, YO TE DESPOSO (1º PARTE)
    CON ESTAS LETRAS, YO TE DESPOSO (2º PARTE)

  • DESMENTIDO

    DESMENTIDO

    Ante los últimos comentarios vertidos en los mentideros de esta ciudad sobre que soy el que más salgo (junto con las famosas hermanas Valbuena), quiero desmentir tales afirmaciones. Y para ello demostraré quienes son los auténticos crápulas mundiales.

    Ellos no son otros que los míticos Magú, Tato y Blas. Y recurriré a la terminología urbana para dar fe de ello.

    ¿Qué dices cuando en tu desesperación por salir, llamas a todos tus contactos y nadie hace caso a tu convocatoria?
    «No sale ni Magú.»
    ¿Qué pasa cuando vas a un local y te lo encuentras tan desértico que las míticas bolas de pelo del oeste atraviesan la sala??
    «No está ni el Tato.»
    Y ya por fin, y para completar el triunvirato, esta esa gran frase que te viene a la mente cuando vas a un sitio y piensas que has llegado 3 horas antes de que abra, dada la ausencia de personal. Y que reza así:
    «No hay ni Blas.»

    Si ellos tres no salen, da por hecho que te has equivocado de fiesta, amigo…
    De hecho, ¿quién no ha oído hablar de la famosa Fiesta de Blas, en la que todo el mundo salía con unas cuantas copas de más?

    Así creo haber demostrado, con hechos veraces (o casi), quienes son los que más salen del mundo, por lo menos en esta generación.
    Espero, así, que los comentarios vertidos injustamente sobre mi persona, se conviertan en poco más que habladurías. O bueno, que por lo menos se maticen, porque tampoco diremos que no salgo. Incluso tampoco diremos que no salgo mucho. Ni muchísimo.
    Pero de ahí a ser el que más lo hace… Por ahí no paso, ¡no!

     

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.

    P.D.: Salimos hoy, ¿no? Y por supuesto, mañana y pasado.

  • EL OTRO CALENDARIO

    EL OTRO CALENDARIO

    Buenas tardes queridos Hermanos Irlandeses.
    ¡Feliz Día de San Patricio!
    Este año hemos tenido el honor de celebrar este gran día, justamente en martes. Que es, además, el día en que algunos estamos siempre «¡Flipando!».

    La gran parte de la gente se rige por el calendario Gregoriano (anteriormente por el Juliano), habiendo pasado algunos fugazmente por el Republicano francés.
    Pero realmente el que nos ocupa hoy, es el usado por esa raza de súper-personas de las que alguna vez hemos hablado por aquí.

    ¡Bienvenidos al Calendario de los Horrorosos!

    No os penséis que estoy hablando de un anuario, en el cual saliesen en caniquillas, tapándose sus vergüenzas con algo, que con casi total seguridad serían botellas de licor.
    Aunque también pudiera ser, dependiendo del día y la hora de la realización de dicho reportaje, que directamente no se tapasen (total para qué, porque seguro que alguien les habrá inmortalizado ya en dicha situación).

    Yo me refiero al calendario que marca la semana y por el cual hay que regirse para pertenecer a dicha raza ¿humana?.
    ¿En qué consiste?

    Si se sale el lunes, queda marcado como “Lunes de Bob Geldoff” (Tell me why I don’t like Mondays).
    La semana empieza con fuerza entonces.

    Si es el martes el día elegido, ten en cuenta que te hallas en el “Martes de Dolor”.
    Que es justamente lo que vas a sufrir cuando acabe la semana.

    Llega el miércoles. ¿Te ves con fuerzas?. Pues entonces tendrás “San Miércoles”.
    Hay que santificar las fiestas. Así nos lo hizo saber Dios Padre.

    Se acerca el jueves, día ya más habitual de celebraciones, por lo tanto estaremos hablando de “Jueves Social”.
    Unámonos y celebremos todo aquello digno de mención.

    Al viernes y al sábado los denominaremos “Muerte/Asesinato”.
    Cualquier cosa puede pasar, y por lo tanto podremos ser víctimas o implicado. El matar o morir de toda la vida, vamos.
    Aunque también, si aplicamos la máxima de “cuando todo está perdido…”, se puede llevar a cabo el no menos clásico “Morir matando”.

    Luego está el domingo, que es ese día que existe para conseguir que la semana tenga 7 días y así no descuadrar ninguno de los otros calendarios citados anteriormente.
    También, como bien indica mi amigo Alfonso, es el día que nuestro Señor (y ya deberíais saber que no es el señor Ramón), nos señaló para descansar… Aunque no todos son creyentes.

    Si seguís está semana, lo más probable es que hagáis efectiva aquella frase que se atribuye a James Dean (no con cierta sorna e ironía) de, “Vive deprisa, muere joven y tendrás un bonito cadáver”.
    Así que tened mucho cuidado y no hagáis ni caso de lo que os cuento.

     

    Besos para ellas y un abrazo para los demás.
    Se os quiere y lo sabéis.