CIUDADANO PÉREZ

CIUDADANO PÉREZ

CIUDADANO PÉREZ


A Madrid he ido en multitud de ocasiones a ver exposiciones de Morisot, Chagall, El Bosco, Renoir, Hopper, Estes, Sorolla… Y desde hoy tengo claro que, junto a estos, también he ido a ver a Pérez.
Más en concreto, a Luis Pérez Martín (Valladolid, 1978).

Según veía su nueva exposición, Citizens II, pensaba una y otra vez, “Qué bueno es. ¡¡Qué bueno es!!”

Cuando veo las obras de los grandes maestros arriba nombrados, me pregunto qué camino han seguido hasta finalizar el cuadro. Cuál habrá sido el proceso creativo. O qué técnicas usaban.
¿Quién no querría saber qué hay detrás de “Habitación de hotel”, o de “El espejo psiqué”? ¿Qué pensaban sus autores? ¿En qué se inspiraban o qué les motivaba?

Pues con Luis he tenido el enorme placer de conocer la respuesta a alguna de esas preguntas. Y, sin duda, no lo he valorado como realmente merece.
He estado en su estudio, he escuchado la música con la que trabaja, he visto sus pinceles, sus lienzos, sus pinturas. Eso me convierte en un auténtico privilegiado, aunque, como acabo de decir, no lo pareciese (he de decir que es algo de lo que me siento orgulloso, y cuento en cuanto puedo).

Para mí, un artista magnífico.
¿En qué me baso? Pues en algo que es fundamental para considerar algo bueno o malo. Que me guste.
Y aunque suene a perogrullada, es algo que debato muy a menudo.

Ya me pueden decir los expertos más expertos las maravillas de ciertas obras, que si a mí no me hacen sentir nada, jamás las apreciaré.
“Es que tienes que estudiar más para valorarlo”. Error.
Las artes plásticas se crearon justamente para que la gente entendiese las cosas sin necesidad de conocimientos previos. Sólo con ver la obra expuesta ante sus ojos tendrían que sentir lo que el artista pretendía al crearla.

Así que he traído este concepto hasta la actualidad. Por lo menos, hasta mi actualidad.
Y la obra de Luis me llega, me llena, me hace disfrutar de ella. Me provoca sentimientos interiores ante su belleza que se quedan arraigados en mi interior.
Por lo tanto es, para mí, excelsa, magna, ¡homérica!

Y todo esto viviéndolo en presente. Sintiendo cómo crece a cada nueva obra que nos regala –y de la cual nos va contando su qué y su porqué–, verbigracia de ser contemporáneos suyos.
Aprovechemos el momento y la situación. Que luego es muy triste lamentarse por no haberlo hecho.

Dejemos que “Su Luz”, con mayúsculas, ilumine nuestros ojos, incluso en las noches más oscuras. Que podamos sentir el frío de “Su nieve” (también en mayúsculas) durante el más caluroso verano. Y que sus Citizens se conviertan en actores secundarios de nuestras vidas, esperando el momento preciso para decir su linea. Esa que tan cuidadosamente ha preparado su creador, y que es la que cada uno de nosotros espera que diga.

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

 

P.D.: Prueba de todo esto que cuento es que algunas de las fotos que hago son claramente reflejos del arraigo interior que tiene su obra en mí. Y que, sin pretenderlo de manera consciente, me lleva a fotografiar replicando su estilo. Mi ojo quiere ver como ve el suyo, para intentar transmitir lo mismo. Por supuesto, no lo consigo. Para eso tendría que ser Luis Pérez, y me temo que eso no es posible. Enhorabuena de nuevo, Luis. Te mereces todo y más.

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