COSAS DE PEGAR

COSAS DE PEGAR

Con la llegada del calor, sofocante en estos últimos días por cierto, surge uno de los mayores problemas que puede haber si te has comprado zapatos recientemente. Las molestas heridas que se producen en el talón.

Por este motivo las compañías de tiritas sacan a relucir sus productos estrella. Aquellos que curan las heridas de forma fantástica, al igual que el cuchillo del Chef Tony es capaz de cortar un clavo, para acto seguido cortar ligeramente un tomate o una rebanada de pan.
¡Mentira!

¿Que me digan a mí qué tirita es capaz de aguantar puesta en su talón más del tiempo que se tarda en estar lo suficientemente lejos de casa como para que ya no te merezca la pena volver?
¡NINGUNA!

Y es que es ponértela, ya sea con refuerzos, de doble capa, anti-agua y con gel, que a los pocos minutos se ha hecho un rollo en tu talón. Y lo más que hace es molestarte y llenarte el pie de adhesivo.

Puedes pensar:
–Me pongo por encima esparadrapo de ese que se usa para que no se muevan las cosas si viene un huracán.
Nada, da igual. Por algún extraño proceso químico, la piel del talón está hecha del mismo material que usa para hacer las sartenes antiadherentes.

Todo en ella resbala. Y suele acabar, además, a la altura del empeine. Por lo que si te has puesto el esparadrapo, ahora por tu pie están echando una carrera, por un lado, el mencionado esparadrapo, y por otro la tirita. Que aun saliendo desde atrás, al ser más escurridiza, está cogiendo la cabeza y va a llegar primera a la puntera del zapato. Donde se unirá con la china que vive allí.

Porque esa es otra. Ya puede haber una sola piedrecita en el suelo, que te la vas a llevar tú. Y te va a dar la tabarra un buen rato hasta que la consigues colocar en la parte delantera del zapato. Con extraños movimientos sísmicos de la planta del pie.
Es más, llegados a este punto, hasta es divertido jugar con ella moviendo el pie, haciendo el efecto maraca.

Y al hablar de adhesivos, me vienen irremediablemente a la cabeza los que son usados para los colgantes/perchas de las cocinas y los cuartos de baño.
Madre mía…

Esos duran, en el caso de la cocina, el tiempo justo que pasa desde que lo colocas por la mañana hasta el momento en que te has ido a la cama y ya te estás durmiendo.
Porque claro, siempre se caen de noche y te pegas el consabido susto. Dado que, además, el riesgo de que se caiga lo más grande que has colgado, es proporcional al grado de profundidad de sueño que tengas.
Cuanto más dormido estés, más grande será el objeto que se caerá.

En el caso de las perchas del baño, estás se caerán justo en el momento en el que vas a salir de la ducha y vas a coger la toalla.
Justo en ese instante se caerá. Y ya no podrás alcanzar la toalla, sin antes tener que hacer un auténtico movimiento de contorsionista.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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