DESPERTÉ ENAMORADO


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Tan bonito fue el sueño que desperté enamorado de ella.
Decidió aparecer en mi mente sin llamar, y me convertí en rehén por sorpresa.
Nos conocíamos, y éramos amigos, pero nunca la había visto de esa manera.  Así que decidí consagrar la mañana siguiente a su persona.

 

La pensé y la recordé. Le dediqué canciones y le puse flores a la Virgen, por aquello de tener ayuda divina (que es cómo jugar con cuatro comodines para conseguir una escalera de color).
Grabé por ella las canciones más bonitas –porque no se merecía menos–. Encontrando en cada una de ellas algo que me trajese con viveza su presencia.

Pensé en preparar una cita con mucho esmero y sin prisa, porque tiempo, ahora mismo no me falta.
Nada estrambótico ni adornado en exceso. No hacía falta. Las exigencias para ámbitos más importantes.
Presumir de vanidades le lleva a uno a convertirse en esclavo de por vida. Y ni ella ni yo estábamos dispuestos a convertirnos en reos. Había mucho que celebrar en libertad.

Un concierto sería un buen primer plan para hacer juntos.
Adoramos la música. Nos encanta cantar y mirarnos mientras lo hacemos, para darnos cuenta de lo fácil que nos convertimos en estrellas del rock con sólo dos acordes.
Mientras canta, ella baila. Baila mucho más que yo. Para ser más exactos ella baila mucho, y yo no bailo.
Me encanta que lo haga, y verla disfrutar. De haber nacido en el XIX, los cuadros de Degas tendrían una sola protagonista. Ella.

Aunque bebe vino, en los conciertos cerveza.
Dirá que un cachi a medias, pero sé que vamos a acabar pidiendo dos. Danzar da mucha sed.

Y de repente quiero pensar que algo sucederá. ¿Será ese momento el que decida «Nuestra canción»?
Me da un poco de vergüenza la expresión, porque está manida como el asidero de una puerta. Deberíamos llamarla de otra manera. «Nuestra clave de sol» , por ejemplo. O «El momento donde dimos a grabar». Que aunque son igual de cursis, por lo menos son más originales.

Por si esto sucede, habrá que elegir bien el concierto. ¿Sidecars?.
Me gustaría que la elegida fuese «Dinamita» a pesar de ser una canción triste. O «Contra las cuerdas», aunque sea la de más gente.
Bueno, ya veremos. Que esas cosas no se pueden predestinar.

El resto de la noche será cosa nuestra. Las intimidades nunca fueron contadas más que por fanfarrones.
Como mucho, lo que diría el maestro. «Ya sabéis, copas, risas, excesos…».

Hasta que esto suceda, y ahora te hablo a ti en primera persona, ya sabes que puedes volver a visitarme cuando quieras. Mis sueños siempre estarán disponibles para ti.
Y como sé que las mujeres como tú no avisan, me consuela saber que aparecéis cuando menos se os espera y más se os necesita.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quieres y lo sabéis.

 

P.D.: la lista de canciones en su honor, AQUÍ

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