Es casi la 1 del mediodía de un sábado, y llevo despierto más de cuatro horas.
Me ha dado tiempo a arreglarme, ordenar la casa, hacer la compra, e incluso empezar a escribir esto antes de irme a tomar el vermú.
El orden de las cosas ha cambiado…

¿Soy yo, o son los tiempos? ¿O tal vez ambas cosas?

Y lo digo porque hasta hace no mucho, esto que acabo de hacer, era impensable, dado que como buen ave nocturna que soy (o era), las mañanas se usaban para dormir. Pero ahora ya no…
Ahora las mañanas se han convertido en la rampa de despegue del día en vez de la pista de aterrizaje de la noche anterior.

Muchos sabéis de mi idea de haber hecho este cambio hace mucho, pero por unas cosas o por otras no lo hacía –entre ellas, mi propia apatía a la hora de dar el golpe encima de la mesa (porque la culpa no siempre tiene que ser de otros)–.
Pero ya ha llegado el momento. El momento de hacer un movimiento migratorio importante y fuerte.

Quiero disfrutar –como tanto disfruté de la noche– del día. De ese día que me era tan reacio a recibir hasta hace bien poco. Que me decía “vade retro, Satanás”, mientras me deslumbraba con el fulgor de los rayos de ese sol que le custodia desde lo alto.
Disfrutar del sábado tanto como permitan las ganas, y sobre todo el cuerpo. Pero sin la necesidad de tener que trasnochar para poder hacerlo.
Otra forma de disfrutar del fin de semana, en definitiva.

Además, como un vermú no se debería tomar más allá de las 3 de la tarde, y compartir uno con amigos es de lo mejor que se puede hacer, no quedaba más remedio que cambiar mi propio huso horario… Y como encima se inventó para abrir el apetito (y si no se hizo para eso, qué más da, dado que es el efecto que produce), qué mejor que acompañarlo con unas tapas, que es una de las grandes maravillas de esta hermosa patria que es España.

Y dado que seguimos siendo los mismos los que seguimos saliendo desde hace muchos años, es normal que la oferta de ocio se mueva hacia nuestro gusto.
Ya no nos gusta tanto la noche como antaño por diversos motivos, así que por qué seguir forzando las cosas pudiendo disfrutar de eso que tanto nos gusta, los bares y sus gentes, a otras horas.
Así que queridos amigos hosteleros, y demás afición, no lloréis mi marcha de la noche, y sí celebrad mi llegada al mediodía, que ya era hora.

 

Por cierto, ¿hay alguna ley que prohiba pinchar por la tarde…?

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

 

P.D.: la foto que ilustra este texto, es de la excelente barra de vermú que tiene mi amigo Rober en El Bar. Dejaos aconsejar por él sobre cuál pedir, dado que la oferta es extensa, y estás cosas hay que preguntárselas a los que saben de ellas.

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