Ayer, por primera vez en varios meses, he empezado a sentir frío en los pies.
Bien!!!

Eso significa que ya llega el otoño.
Significa que volverán los platos de cuchara, calientes y sabrosos. Los cocidos y las patatas a la importancia. Los caldos caseros para cuando llegas a casa por la noche, estás destemplado, y quieres entrar en reacción.
Significa que ya puedo volverme a poner las zapatillas de estar en casa –modelo decimonónico– e incluso dormir con el pijama de franela en días puntuales.

Porque sí, yo todavía duermo con pijama, y me encanta, por mucho que me digan que parezco sacado de Cuéntame. Soy un hombre de costumbres, y ésta es una de ellas.
Además el pijama me parece cómodo, higiénico y útil. Y más desde que han decidido que sus pantalones han de tener también bolsillos, por si no teníamos todavía suficientes con los que lleva la chaqueta que les acompañan. Porque yo, desde luego, no soy capaz de guardar el móvil y las gafas igual que guarda el hombre ese del anuncio, las llaves del coche yendo en bañador.
Y no uso batín porque mi casa no es lo que se diga precisamente fría…

Significa que las bufandas y las pashminas estarán de nuevo colgadas siempre a mano para ser usadas en cualquier momento, incluso dentro de casa –porque no me digáis porqué, pero suelo estar en casa con una pashmina puesta, y con gorra si tengo el pelo muy largo–.

Sentir frío en los pies significa que vuelven las tazas de humeante café o té, preparadas para ser agarradas con las dos manos cuando las tengas frías, y ser bebidas a sorbitos cortos (a no ser que tengas el paladar y la garganta de amianto, y no te abrases si le pegas un trago largo).
Porque las cosas, las que sean, se hacen mejor con una taza humeante al lado. ¿A qué nadie ha resuelto un caso policial importante o ha escrito un Pulitzer bebiendo gazpacho?

Significa que vuelven programas como Cachitos de hierro y cromo para sustituir a esas galas que se hacen sólo para rellenar las parrillas televisivas, y en las que cantan grupos que se crean sólo para rellenar esos rellenos.
Callejeros Viajeros deja de emitir reportajes de playas llenas de gente mostrando sus vergüenzas colganderas, para volver a emitir esos en los que descubrimos cómo es Turín, Budapest, Nueva York o Estocolmo.
Las canciones dejan de ser sólo para que las chicas bailéis, nos fijemos en vosotras e iniciemos así un cortejo de apareamiento, y vuelven a ser cálidas, con armonía y brillo. Y por cierto, una cosa os voy a decir, no hace falta que bailéis tanto. Os llevamos ya mirando dos horas, aunque os hayáis movido menos que los ojos de un gato de porcelana.

Pero cuidado, que a veces sentir frío en los pies significa simplemente que no te has puesto calcetines y que puede que estés a punto de acatarrarte, y tampoco queremos eso.

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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