Estaba esta mañana en el Metro esperando pacientemente para ir a algún lado –porque siempre se va hacia algún sitio, aunque a veces no sepamos dónde–, cuando de repente ha aparecido por el andén una mujer caminando a cámara lenta.
Os prometo que no me lo estoy inventando.

Era dueña y señora del tiempo, y en ese momento había decidido que los segundos durasen algo más que las 100 centésimas de los que se componen. Con su pausado andar y serena belleza, se podía apreciar como cortaba el aire a su paso. Nada ni nadie tenía la suficiente categoría para compartir plano con ella.
No he podido por menos que rendirle pleitesía a su paso, según pasaba delante de mí, con una inclinación de cabeza y una leve genuflexión. Mis respetos.

Y es que al igual que hay mujeres que tienen su propia banda sonora, y que según aparecen uno puede escuchar clarines y trompetas, les hay con su propio metraje, y la duración de su paso lo deciden ellas y sólo ellas.
Así que los demás, como espectadores que somos, simplemente podemos observar inmóviles el desarrollo de la historia, para así apreciar la magistral dirección del film.

Son a estas mujeres a las que los músicos dedican canciones, los poetas escriben ripios y los pintores inmortalizan en sus obras.
Ahora entiendo por qué Vinicius de Morais y Carlos Antonio Jobim escribieron La Garota de Ipanema (que tan brillantemente grabaron el propio Tom Jobim junto con Astrud Gilberto y Stan Getz). Estoy seguro que Helô Pinheiro era también una de estas mujeres, y su paso a diario frente a ellos no pudo por menos que inspirarles tan bella canción.

Me encantaría poder componer algún día algo tan bonito, inspirado por una de esas mujeres que paran el tiempo. Escribir hermosas líneas bajo el influjo de una de estas musas de la linea temporal.
Es más, consagraría mi vida a ellas, entre otras cosas, porque gracias a esa vida en slow motion, nuestra historia duraría más, ¿y quién no querría prolongar al máximo eso?

Así que creo que a partir de ahora prestaré mucha más atención a esas mujeres que andan a cámara lenta. Me convertiré en estudiante de comunicación audiovisual de manera inminente, para así poder apreciar todos y cada uno de los matices que observase y poder ver más allá de la primera impresión, dado que como todos sabemos, la auténtica belleza está en el interior.

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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