No vuelvas a cerrar tus ojos cuando bese tus labios.
Ya no hay ternura como antes en las yemas de tus dedos.
Intentas disimular…
CARIÑO… PERO CARIÑO HAZME CASO LO SÉ… TÚ HAS PERDIDO LA EMOCIÓN DE AMOR. HAS PERDIDO LA EMOCIÓN DE AMOR. HAS PERDIDO LA EMOCION DEL AMOR… HAS PERDIDO, PERDIDO, PERDIDO… BARUM, BARUM, BARUM BUM BUM…”

Ni de la X, ni de la JASP, ni de la del Baby-Boom. ¡¡¡Yo soy de la generación de TOP GUN!!!

Porque Top Gun fue “La película” de mi generación por mucho que algunos digan que no, dado que la consideran vacua, frívola y básica (el cine de John Hughes lo apreciamos de verdad de más mayores, cuando ya empezamos a ver la adolescencia de manera idealizada, admitidlo). Y esto viene definido por la cantidad de recuerdos que nos ha dejado en la memoria. Por los dejes y gestos que aprendimos de ella. Por la cantidad de frases que se nos grabaron a fuego en el cerebro (la canción del principio es una muestra de ello), y porque nuestro ego, en aquellos años locos, extendía cheques que nuestro bolsillo no podía pagar.
Yo aún choco la mano a veces como Maverick y Goose (“potro mío, llévame a la cama o piérdeme para siempre”), y hace ya algunos años –pocos– que dejé la adolescencia.

Todos los estereotipos de los ’80 estaban en esa película: el chico rebelde y malote, pero noble; la chica guapa de la cual se enamora; el amigo un poco tolón pero simpático –algún día alguien me explicará como consiguió a Meg Ryan–; motos, coches, aviones, la Guerra Fría… Y todo grabado como si fuese un videoclip de larga duración para la MTV.
Las películas había que hacerlas así. Todavía no se devoraban de manera pirata en la pantalla de un ordenador sino que se veían en el cine como los grandes espectáculos audiovisuales que eran, y Tony Scott lo entendió perfectamente.
Nos dio todo lo que quisimos.

Vaqueros y camiseta blanca. Chupa de cuero llena de parche. Aspecto siempre de recién salido de la ducha, aunque se acabase de echar un partido de voley playa (“Sólo un set maaaaaás!!“. Valores como el esfuerzo y la superación en el ambiente, enmarcados dentro del trofeo de pilotaje de la Escuela de Armas de Combate… ¿Quién no querría ser el mismísimo Pete Mitchell? (nunca Cougar; para mí el peor personaje de la historia del cine. ¿Estará pilotando un avión de carga lleno de perritos de goma procedentes de Hong Kong?)

¿Y la música? Ay la música… Dentro de esa banda sonora llena de canciones tan de la época, incluido el melocotonazo de Take my breath away –indispensable en cualquier cinta de “Lentos” que se precie–, había dos joyas escondidas, que no eran otras que el (Sitin’On) the dock of the bay (antes de que fuese la banda sonora de Larios) y el You’ve lost that lovin’ feelin’ (que encabeza, su versión traducida, el comienzo de este post). Y estaban muy bien integradas dentro de la película, siendo parte del propio argumento, lo que dice mucho de ellas.

Y en todo esto es en lo que me baso para afirmar que es la película de mi generación.  Además hace estupenda pareja con la otra gran película generacional de esos años… Dirty Dancing.
Si gran parte de vosotras queríais ser Baby y que Johnny no permitiese que nadie os arrinconara, gran parte de nosotros queríamos ser Mav, y queríamos… Velocidad!!

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: parece ser que en 2019 podremos ver la segunda parte de esta cinta, llamada Top Gun: Maverick. Viendo como se cuida Tom Cruise, no descartemos que en vez de secuela sea un reboot, y le volvamos a ver llegando por primera vez a Miramar, California

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MIS CANCIONES: RISK
¿SOMBRERO, GORRA O VISERA?