MIDNIGHT IN HARLEM

MIDNIGHT IN HARLEM

MIDNIGHT IN HARLEM

Me pasaría el día escuchando “Midnight in Harlem” porque me ayuda a controlar mi mal humor. Es mi canción en bucle de ahora mismo.
Ponedla. Ponedla mientras leéis esto. A ver qué os parece.

Siempre se dijo que la música amansa a las fieras. Y aunque de fiera tengo poco, no me viene mal apaciguarme todo lo posible, que no quiero que parezca que tengo el síndrome de Tourette por pasarme el día insultando a las personas a mi alrededor, ni gritándole a las nubes como Abe Simpson.

Como mi estado normal es “enfadado”, la cuestión es ver en qué nivel está ese enfado.
Si no es mucho, se puede estar conmigo sin problema. Soy normal, de los que desayunan café con leche y tostadas habitualmente, y a veces un pincho de tortilla o unos churros.
Pero si la aguja empieza a llegar al rojo es mejor dejar que campe a mis anchas, exudando negatividad en la cantidad necesaria para conseguir que Mr. Hyde se vuelva a convertir en el doctor Jekyll.
Y, por favor, al estado de ánimo no lo llaméis “mood” en mi presencia si no queréis ver a la bestia en pleno proceso de transformación.

Y es que ¿por qué usaremos tantos modismos ingleses teniendo una lengua tan rica como es el castellano?
Sobre todo me hace gracia que lo usen personas que apenas saben construir frases en romance. Así que como para presumir de hablar lenguas germánicas.
Me parece fenomenal que se hable inglés o francés. Alemán o chino. Pero primero hay que saber qué decir, porque si no el cómo será irrelevante.
Veis, ya me estoy enfadando otra vez. No hay solución.

A pesar de todo esto, mi amigo Nachete me dijo el sábado, cuando vino a verme al bar, que “tú siempre recibes a la gente con una sonrisa”.
Menos mal que todavía mi yo cívico y agradable aflora cuando hace falta, y muto en gato de Cheshire (“a veces habrá una sonrisa sin gato, pero nunca un gato sin sonrisa”). Hay que saber comportarse como una persona racional en un mundo con cada vez más animales irracionales bípedos y con dedo pólice (tantos millones de años de evolución para conseguirlo, y parece que lo vamos a acabar perdiendo en tiempo récord).
Debe ser la música que pongo, que me tranquiliza de manera más efectiva que a Carl Winslow su “Uno, dos y tres. Cuatro, cinco y seis. Yo me calmaré, todos lo veréis”.

Y con esto vuelvo al principio.
Preciosa canción Midnight in Harlem, de un grupo del que a pesar que había oído hablar hacía mucho a la gente que sabe de música de verdad (a su lado, mi cultura musical es como la de un aficionado medio de reggaeton), no les había hecho mucho caso, vaya usted a saber porqué. Tedeschi Trucks Band se llama, por si les interesa.

Como me imagino que, al igual que hice yo, van a obviar mi recomendación (no les culpo), por lo menos, cuando los descubran el día que llegue el Santo advenimiento, espero que recuerden estas letras. Y que si tienen voz en algún sitio, transmitan el mensaje de nuevo.
Así, grupos que no copan las listas de éxitos –ni falta que les hace–, perdurarán en el tiempo.

Y quién sabe si no volverán a aplacar los demonios a otros como yo, que les gritan a las nubes con el puño en alto.

 

Besos para ellas y un abrazo a los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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