Que la vida son corrientes creo que es algo que está claro para muchos –por lo menos para mí, sí–, así que cuando encuentras una, lo menos que puedes hacer es seguirla para ver a dónde te lleva.

Y el otro día me pareció encontrar una que me llevó desde una columna de Javier Aznar hasta un libro de Nick Hornby llamado “31 canciones“.
¿Así que por qué no escribir una serie de posts hablando de canciones que han marcado mi vida?

Mi cabeza empezó a entrar en efervescencia con cómo hacerlo. ¿Cómo enfocarlo? ¿Qué canciones serían las elegidas?
La música es importante, mucho. Pero las letras lo son aún más, y como mi ingles de Wall Street Institute no me da para entender todo lo que escucho sin leer las letras al mismo tiempo, pensé que el primer paso era elegir canciones en castellano, que para eso es mi lengua nativa.

Y una vez decidido esto, la siguiente cuestión es la lista de las elegidas.
En los primeros que pensé fue en Hombres G. Con ellos he crecido, he bailado, he cantado, me he enamorado y por supuesto, he sufrido.
Automáticamente pensé en El Elegido (que para quién aún no lo sepa, para mí es Leiva). Él se merece entrar en esta lista por derecho propio.
Los Madison, Tahures Zurdos, Ferreiro, Calamaro, el Loco, La Frontera, Julio, Raphael pedían paso para entrar también en la terna.
¿Quién más aparecerá llamando mi atención? Seguro que según vaya escribiendo me vendrán a la cabeza más. Seguro que según vaya oyendo música en mi día a día, habrá nuevos postulantes que merezcan su mención.

Queda el tema de cómo enfocarlo. Porque aunque en un principio no quiero hacer sólo una lista más de canciones, tampoco quiero que sea un diario de mi vida alrededor de ellas. Por lo tanto habrá que mezclar, cual alquimista en busca de la fórmula perfecta para conseguir materiales preciosos, cada cosa en su justa medida para que el resultado final sea satisfactorio.

Así en estas me encuentro, con un proyecto que me apetece mucho realizar –y con muchas ganas de hacerlo–. Y qué mejor momento que estos días de asueto que son los días de verano para por lo menos empezar.
Sería justo y necesario hacerlo con tiempo, con cariño, con dedicación; porque estos posts no se pueden hacer a la ligera y sin nada de preparación. Aunque lo que escriba saldrá de lo más profundo de mi alma, también hay que alimentar ese alma para que emita con la suficiente fuerza y así llegue a mi consciencia. Y de ahí al papel (llamadlo como queráis, aunque me encantaría algún día poder publicar algo en formato físico).

Así que gracias al señor Aznar por llevarme al libro del señor Hornby (y perdón a este último por fusilarle la idea).
Espero tener en breve el primero de los relatos, y, por supuesto, espero que os guste.

Besos para ellas y una abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis. 

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