NO HABRÁ MÁS JOEY Y CHANNY

NO HABRÁ MÁS JOEY Y CHANNY

NO HABRÁ MÁS JOEY Y CHANNY

Anoche –hace una horas, de hecho– pensaba en lo mucho que sigo añorando la figura y la persona de David Gistau. Por eso decidí que era buen momento para volver a escribir de él y sobre él.
Porque si bien está recordarlo en fechas significativas, no está de más hacerlo sin ningún motivo aparente. Al libre albedrío.
Eran la una y algo de la mañana, y aunque soy noctámbulo (y tras escribir un par de apuntes para seguir un ligero hilo), decidí procrastinar un poco –también llamado dormir– y aplazar esa columna hasta el día de hoy.

Pero quiso el destino de nuevo hacer de las suyas. Y en el transcurso de esa reunión entre Hipnos y Nix decidió que el protagonista de mi día, del día de muchos, fuese a ser otro mito.
Quiso el destino que Matthew Perry dejase este valle de lágrimas. Que dijésemos adiós, de forma abrupta, con nocturnidad y alevosía, a Chandler Bing. Que ya «no habrá más Joey y Channy«.

Aunque hablo y escribo por mí, estoy seguro que un poquito de cada uno de nosotros se ha ido con él cuando nos hemos enterado de la noticia.
Hoy estamos todos un poco más tristes. Parte de nuestra vida ha decidido cambiar de plano e irse a uno al que nosotros no podemos acceder, y el cual deseamos no tener que conocer en mucho tiempo.

Lo primero que he pensado ha sido en la muerte como tal. En la pena que me ha producido. Una pena que, a ver si sé explicarlo, es de otra categoría.
No es la que sentimos al perder a un ser querido, de alguien que es sangre de nuestra sangre. Tampoco la de perder a alguien a quién nos sentimos unidos por cercanía y profunda amistad.
Es la pérdida de alguien que ha contribuido a formarnos como un yo a través de su personaje en la pantalla de una televisión (como pudo hacer el antes nombrado señor Gistau a través de su prosa o su voz, verbigracia).

Quizá no lo hizo siendo un ejemplo o una referencia en el sentido más estricto de la palabra, pero igual sí lo hizo al alegrarnos en aquellos momentos en que nuestro ánimo estaba decaído. O cuando nos hizo esbozar una sonrisa que conseguía borrar de un plumazo ese gesto triste que no conseguíamos eliminar de nuestro semblante. Quién sabe si no nos ayudó a ser irónicos en esas veces en que es necesario serlo. ¡O incluso a aprender a posar en una fotografía!

Tras pensar primero en esto, he pasado a darme cuenta de la cantidad de gente que me ha escrito para decírmelo. Gente que, como yo, es parte de una generación que se podría llamar «de Friends«. Y que, sorprendentemente, es de edades de lo más variopintas. Porque como le dije ayer a una pareja, hablando de música, «las cosas buenas no entienden de generaciones».
Es gente que también ha sentido mucho esta perdida que nos acompañará desde ahora, y que hará que cada vez que volvamos a ver un capítulo de la serie (los cuales realmente nunca hemos dejado de ver), ahora lo hagamos de una manera distinta.

A todos ellos deciros que lo siento como lo sentís vosotros. Lo siento mucho.
Porque al fin y al cabo, como ellos mismos dijeron en la escena final de la serie, «en un momento u otro, todos hemos vivido en este piso».

Descanse en paz, «Señorita Cherendler Bong».

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

(Visto 240 veces)

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Comments (2)

  • Palo Reply

    Yo también he vivido en ese piso y me parece súper bonito el homenaje que le haces a un actor que nos ha hecho reír a medio mundo :__( ¡Me ha encantado!

    31/10/2023 at 7:54 am
    • Paty Varela Reply

      Qué estupendo era ese piso que compartimos todos, ¿eh?
      De hecho, ¿cuántos amigos empezarían a compartir piso a raíz de la serie? Seguro que bastantes.
      Muchas gracias Palo.

      P.D.: ahora me paso por tu blog, que tengo dos posts pendientes de leer todavía, y eso no es propio de los buenos fanes. Además me interesa mucho el de las cafeteras.

      31/10/2023 at 8:00 am

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