OBITUARIO (QUE NO ELEGÍA)


Tiempo de lectura: 3 minutos

Es definitivo.
La sociedad –o mejor dicho, mi sociedad– ha cambiado.
Una de mis mayores creencias, junto con el catolicismo y el Real Madrid, ha llegado, para mí, a su fin.
Hoy, unos “conocidos grandes almacenes”, no han sido capaces de entregarme  (ni de darme una explicación de por qué no) una cámara de fotos que compré hace bastantes días.

No era una cámara rara, ni ninguna edición especial. Era un modelo de 2020, de hecho. Por lo que debería estar en stock sin problema. Tampoco es que tuviese algún tipo de descuento que la hiciese volar de las estanterías.
Era una cámara como otra cualquiera. Simplemente la que yo quería, sin más.
Y en el, otrora, templo de la tecnología, el lugar al que siempre acudía a comprar mis múltiples cacharritos con luces, me han fallado.

Además me han fallado con alevosía. Porque me han hecho albergar esperanzas infundadas. Han jugado con mi ilusión (y mi paciencia) durante unos cuantos días.
Cuánto mejor hubiese sido decirme, “Lo siento, no tenemos ese modelo”. Quién sabe si hubiese hecho el esfuerzo y me hubiese ido al siguiente modelo.
Pero no, las palabras fueron “No te preocupes, que lo pedimos al fabricante”.

En otros tiempos, esas palabras hubiesen significado que, de haber sido necesario, el fabricante habría hecho una unidad a mano esa misma noche.
Pero ya no. Su poder de negociación ha menguado tanto como el de una “Familia” que ha perdido a su Don. Se les ha perdido el respeto.

Hace años que, también presa de la desesperación, dejé de encargar música y películas en su departamento de ocio. Era una pérdida de tiempo. Nunca llegaban.
Pero las cosas “potentes” todavía eran suyas en exclusiva. Todos mis, no pocos, ordenadores, salieron de allí. Mis televisiones, DVDs, Blurays, electrodomésticos… Hasta hoy.

Además he salido desilusionado por el trato recibido.
– ¿Por qué compras allí con los precios que tienen? –Me decían–.
– Por su atención– Era mi respuesta (sincera)–.
Pues durante esta historia que os estoy contando no lo he visto, ni sentido, por un segundo. Ni en el trato directo, ni en el telefónico.

Entiendo que las circunstancias actuales no son las mejores. Pero al igual que os cuento esta historia, y como escribí –creo que en Facebook–, durante lo más duro del confinamiento, su servicio de supermercado no pudo ser más impecable.
¿Cómo se explica esto entonces?

Fácil.
Para eso sí estaban preparados, pero para otros muchos departamentos, no.
Lo que me lleva a preguntarme el porqué no cierran lo que no funciona antes de dar un servicio tan pésimo.
Que se especialicen en lo que saben, o sino que se conviertan en la competencia de Lidl, Carrefour o Mercadona.

Diréis que es un caso concreto, y que soy un exagerado. Pero no.
Antes de escribir algo así he preguntado a los que como yo todavía creíamos en ellos, y las respuestas han sido del tipo “Nunca más”; “Poco me van a ver a mí por allí”; “Les quedan dos telediarios como no espabilen”.

En fin… Menos mal que todavía puedo contar con Dios desde que me levanto hasta que me acuesto. Y que el Madrid, por más que se tuerzan las cosas, siempre nos da buenas alegrías de vez en cuando.
Así que, “Amén, y Hala Madrid!!”.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

 

P.D.: gracias, Señor José F. Peláez (ya hay que llamarte por tu firma) por darme el título del post, que es sin duda lo más difícil de escribir.

(Visto 80 veces)

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Comments (2)

  • Agustín Reply

    A veces, como diría Sabina, cualquier tiempo pasado fue mejor

    23/04/2021 at 6:02 pm
    • Paty Varela Reply

      Sabina es un hombre sabio…
      Un abrazo, Agustín!!

      23/04/2021 at 6:08 pm

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