No creo que la apertura de la cámara mortuoria de Ramses II produjese tanta emoción como la que tuve yo al descubrir que unas cajas con cassettes antiguas mías –que pensé que en su momento se habían ido al pozo del olvido que es un contenedor de basura–, en realidad estaban en poder de mi cuñada Noelia, salvadora de cintas perdidas.

Como la vida son ciclos, tras un periodo de tutelaje de unos cuantos años por su parte, me volvía a tocar el turno de su guarda y custodia a mí, con el agravante de que al ser yo era su dueño primigenio, el vínculo afectivo era aún más fuerte. Mi propia historia estaba en ellas contenida.

Porque qué son esas cintas, sino pedazos de la historia de cada uno. Representan lo que se era en el momento de su grabación. Como dice mi amiga Blanca, “la música y los olores son lo que más me recuerda a alguien“, y es cierto que el componente relacional de una canción con un hecho o una persona, es muy intenso y significativo.
Volverlas a escuchar fue un viaje al pasado, sin necesidad de echar mano de la máquina de H.G. Wells o del DeLorean de Doc.

Había de todo, como en botica. Bandas sonoras de cine, artistas españoles de los ’70, grupos punkies, la omnipresente movida madrileña, virtuosos de la guitarra, alguno de esos”unplugged” tan famosos en los años ’90… y algo que parece que a alguien sorprendió que tuviese, y no es otra cosa que cintas de Shakira.
Y es que Shakira me encantaba. Habré escuchado “Pies descalzos” mil veces, dos mil, ni sé. Me parecía un disco estupendo. Y sobre todo, fue un disco perfecto para mi yo de 18 años (más o menos tendría esa edad en aquel momento). Pocas veces me he arrepentido de mi pasado, y desde luego haber sentido cierta adoración por la cantante colombiana no es una de ellas.

Mientras escribo esto lo estoy escuchando, y me asombra darme cuenta que aún me acuerdo de gran parte de las letras. Me acuerdo de haber escuchado cierta canción en cierto momento. Me recuerda personas, lugares, hechos… Y también me recuerda que la particular manera de cantar de Shakira me hacía entender cosas de manera distinta a como estaban escritas… Para mí “Vuelve” fue, durante mucho tiempo, “Puedo ver”. C’est la vie!!

Parece mentira que unos simples cachitos de hierro y cromo (entre las joyas encontradas también está el álbum de Kiko Veneno en el que definió con estas palabras una cassette), sobre todo en formato “Varios”, “Lo mejor de” o “Mi Mix”,  tengan un poder evocativo tan potente –que además se acrecienta con el paso de los años y la desmemoria de la misma–, convirtiéndose en crisol de expresiones como “hala qué buena”, “madre mía ésta” o “anda, la canción de…”

Puedo decir entonces ,que durante unos breves instantes pude rebobinar mi propia vida, parando en el momento que quise, repitiéndolo una y otra vez, mientras aguantaron las pilas…

 

Besos para ellas y una abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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SOY HUMANO, Y LO SÉ
ME ESTOY CONVIRTIENDO EN JACK NICHOLSON