Ferias de (aquí añádase el patrón de cada ciudad):
“Dícese de aquel acontecimiento festivo que con 14 años te sirve para llegar tarde, con 25 años para salir el primer día y llegar a casa el último, y con 35 años para que desees que llegue el último día y así poderte quedar de una vez en casa y no pisar la calle hasta la cena de empresa de Navidad.”

Llevo un retraso con este post de un mes, pero vamos, así es mi vida, imprevisible!!
Lo tenía pensado desde el primer día que empezaron las fiestas y hablé con mis amigos Lara y Josete en la puerta de Caruso, pero ya sabéis, lo vas dejando, lo vas dejando, y te plantas en octubre sin nada escrito aún, así que esperas a las 01:42 de un lunes para empezar a hacerlo.
Además acabo de leer que las personas inteligentes son más creativas por las noches, y tienen más problemas a la hora de conciliar el sueño, y claro, me he crecido.
Queridos amigos noctámbulos, no es que seamos unos golfos, sino que en realidad lo que somos es la mar de inteligentes.

A lo que íbamos, las Fiestas patronales.
En julio crece la sandia, en agosto el melón, y en septiembre, en Valladolid, la gente por la calle.
Vale que son ferias, y es época propicia para que la gente deje la pereza en casa y se lance a recorrer bares y casetas, pero la multitud que se mueve por la ciudad durante estos días no se queda corta en comparación con cualquier movimiento migratorio que se haya producido a lo largo de la historia de la humanidad.

¿De dónde salís todos vosotros, hijos míos?
(Pregunta que también podría formularse como “¿Dónde os escondéis el resto del año, desgraciados?”)
¿No nos podríamos poner de acuerdo para distribuirnos un poco, y salir unos pocos cada día, y no todos al tiempo los días de prime-time?
Por ejemplo, el viernes, los que su DNI acabe el 8. El sábado, los que no tienen pareja. El domingo, los que tenéis hijos…  Y así sucesivamente. El límite estará en la creatividad para acordar los parámetros por los que regirnos.
Es que además, la aglomeración supone un grave problema para los que salimos todo el resto del año; no podemos ir a nuestra sitios habituales, y tenemos que irnos a otras en los que nos sentimos fuera de lugar. A mí hubo una vez que me toco ir a un bar en el que no había pinchado, fijaos!!!
De hecho, habría que rematar una propuesta que formulamos en su día mis amigos y yo, y que consistía en un carnet que se iría rellenando durante el año, mediante el cual, una vez acumulado un determinado número de “algo” (días, copas, bares cerrados…), nos permitiese tener siempre un sitio reservado para poder estar a gusto, independientemente del número de gente que hubiese.
“Eres un clasista”, espetarán algunos, pero no, no es que sea clasista, sino que pretendo regirme por la meritocracia. La meritocracia de crapuletas y cierrabares –que tanto le gusta mencionar al gran Leo Harlem–, y que haga que conozcamos Albacete, ya sabéis…

Luego tenemos el problema de querer ver un concierto de los programados en la Plaza Mayor, en el que a lo mejor, sólo a lo mejor, hasta actúa uno de tus grupos preferidos.
¿Y qué pasa cuando llegas allí a una hora prudencial, que hace que no vayas 18 horas antes cual adolescente enfervorizado?
Pues que siempre te toca ponerte de media parte para atrás.
“No sabía yo que mi músico experimental favorito, con sólo una maqueta como prueba de su arte, tuviese tanto éxito popular”, te preguntas.

NO, NO ES POR ESO. SIMPLEMENTE ES PORQUE ES GRATIS!!
Y eso significa que todos los que están delante de ti, a excepción de los que han acampado en primera fila a primera hora de la mañana, pasaban por allí y han decidido quedarse, porque eso es como ver, una mañana cualquiera soleada, las obras programadas por Fomento, pero con banda sonora.

Vais a acabar pensando de verdad que soy un clasista de tomo y lomo, pero no, simplemente soy ordenado. Cada cosa en su momento, y por algún motivo.
Las cosas no hay que hacerlas porque estemos “obligados” dado que son ferias. A un concierto se va si te gusta el artista que actúa.
Aunque estoy pensando que yo mismo siempre digo que un concierto, aunque no te guste mucho la música que se interprete, siempre está bien. Así que nada, no me hagáis caso, id a ver los conciertos que os de la gana.
Y si no quiero estar de la mitad para atrás, tendré que empezar a ir un poco antes, y no justo cuando están a punto de presentar al grupo, y querer estar en primera fila, y encima sin agobio a mi alrededor.

De las comidas ya no hablo, porque algún año, el último día, para llegar a casa, me han tirado al suelo y me han hecho rodar.  Y de haber ido a clase, a algún examen o a trabajar, abrazado al massielismo, tampoco…

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: Estoy fatal. Son las 02:22h, y mientras escribo esto, estoy viendo “Love Actually” que la están emitiendo por La1. No sé si la conocéis. Yo es la primera vez que la veo, la verdad.

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COMO CADA AÑO, ANTES ANOCHECE
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