UNA BODA ES UNA BODA

UNA BODA ES UNA BODA

UNA BODA ES UNA BODA


Tras una temporada intensa de bodas, las cuales se han tomado un descanso vacacional hasta septiembre, he podido llegar a unas cuantas conclusiones.

La primera es que si suena El Cha-ca-chá del tren, por algún extraño motivo, la gente pierde los papeles y se unen en esa horrible cosa, que me da miedo, llamada conga.

¿Quién forma la conga?
¿Hay algún señal inaudible para mí, por la cual la gente sabe en qué momento hay que empezarla, y a quién agarrarse?

Casi siempre está comandada por alguno de los padres de los cónyuges. O en algún caso por el tío golferas, al que la edad no le ha terminado de borrar del todo ese punto picarón que lució con orgullo en sus años jóvenes.
No creo que un agujero negro tenga un poder de absorción mayor que una conga. Es pasar cerca de alguien y ¡¡zas!! ya estás dentro.
Así que lo más adecuado es alejarse lo máximo posible si no quieres verte envuelto en esa vorágine.

De todas maneras, ojo.
A mí no me gustan nada, al igual que tampoco me gustan, por ejemplo, las camisas hawaianas amarillas. Lo cual no significa que haya gente que disfrute de ambas cosas (aunque de las camisas, lo dudo bastante, en cualquier caso).

En segundo lugar, me quedó bastante claro que si suena por los altavoces ciertos acordes, y una voz dice:
“¿Quién es?”
Acto seguido se oirá, a coro:
“Soy yo.”
Acompañado por el inequívoco gesto de señalarse a uno mismo, a la altura del pecho, con ambas manos.

Ademas, y como he podido comprobar gracias a mi amiga Mar en sus Crónicas de boda, también “Seguiremos al líder”, nos entrará “Melancolía”, exclamaremos asombrados “Mamma Mía”, e incluso, los más atrevidos, querrán ser “Torero” – o en su defecto “Un Truhán o un Señor”–.

En las últimas bodas a las que he acudido he tenido el placer de pinchar (gracias chicos, ya os pediré a cambio que hagáis algo el día que me case, que nunca está de más tener en el debe a buenos abogados, médicos y profesionales de éxito en sus campos). Y he hecho lo más fácil del mundo, que es poner las canciones que les gusta a la gente que está disfrutando de la fiesta. En vez de dártelas de innovador y creativo, y poner esas canciones que escuchas en tus ratos de ocio.

Luego, pide una canción…
Te ponen una cara de “Te perdono la vida pobre mortal, porque Yo soy el Dios Único de la música pachanguera y horrorosa y no tienes derecho a sugerirme nada”.
Vamos a ver, que hasta para decir que no a algo, se puede sonreír. Y os lo digo yo, que lo hago un día sí y al otro también. Aunque esto último es mentira, porque pongo todo lo que me piden (de ahí mi melting pot musical).

Y por supuesto luego están los camareros de la barra libre.
En este caso romperé una lanza a su favor, porque últimamente se están portando como auténticos profesionales, pero es que siempre pienso en un honorable hombre, de un conocido restaurante de Valladolid acostumbrado a ofrecer cenas de empresa y bodas, el cual, nada más abrir la barra libre, la cual se lleno de auténticos profesionales del vaso con hielo y licores, dijo:
“Vamos a ver, que no estoy de humor. Así que no me la deis”
Eso es espíritu de trabajar, ¡¡sí señor!!
Lo malo es que no sabía lo que se le venía encima, y el poco caso que le hicimos…

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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