Y 500…

Y 500...

Y 500…

Le oí una vez contar al señor Peláez, que Camba, González-Ruano, o alguno de esos grandes columnistas de tiempos pretéritos a los que tanto admira, decía que las primeras 500 columnas que uno escribe en su vida tiene que tirarlas y empezar de nuevo.
Ésta que ahora comienzo es la 500 para mí.

El significado de la frase, a mí entender, va encaminado a la búsqueda de la excelencia a través de la práctica. Y como en mi caso ese número igual debería llegar a 28644, ni ésta, ni sus 499 hermanas mayores se van a ir a ningún sitio, por lo menos de momento.
Pero sí me ha hecho ilusión llegar a este número, tras aquella primera columna, post, pensamiento mágico (Joan Didion dixit), o como queráis llamarlo, que escribí hace ya catorce años –casi quince–.

Durante estos años no sé si habré avanzado o retrocedido algo en cuanto a contenido, metodología, composición, redacción, uso del vocabulario, o en cualquier término que usaría el mismísimo profesor Pritchard para evaluar mi manera de escribir. Pero sí quiero pensar que, dado que no dejan de ser un pequeño diario de mi propia vida, estas 500 columnas atestiguan que he vivido con intensidad estos últimos 15 años. Y los 33 anteriores…

Por aquí han pasado más amigos que enemigos. Más héroes que villanos. Para mi desgracia, más desamores que amores. Han pasado mis tocadiscos, mi nevera, varias guitarras, unas cuantas cámaras de fotos y máquinas de escribir; bigotes, sombreros, trajes de tres piezas, pitilleras o cerillas. El Círculo de Recreo, Molly Malone, Caruso, La Rosaleda, Shadrack’s, El Farolito. Una bici estática que no se convirtió en perchero. Polvorones El Toro, mucho Black Label y alguna que otra botella de Blue Label. David Gistau, Magnifico Margarito, Luis Pérez, David Summers. Mil vinilos; Paloma, de Calamaro; Leiva; Springsteen y McCartney. La La Land, tres veces; Love Actually, cincuenta y siete. Mi cabina, que se convirtió en un auténtico Club Social (y que ya cerró, como otros en el pasado, y caerá en el olvido).Y así podría seguir durante lineas y líneas.

Durante estas 500 columnas he abierto mi alma de manera tan sincera que algunas personas que me quieren me han dicho que he sido muy valiente por haberlo hecho.
Ojalá la valentía fuese eso. Quizá sólo haya sido un poco de imprudencia, y una total desvergüenza.
De todas maneras no me da miedo escribir sobre sentimientos. Es algo saludable.

En estos tiempos en los que tanto se empieza hablar de la salud mental –que me temo que es un asunto que se va explotar para convertirlo en bandera reivindicativa de algo primero, y en un negocio después–, más se debería hacer. Igual no de forma tan pública, pero sí en pequeñas dosis y en círculos concretos.

Hace catorce años –casi quince– escribía por convicción y sin ningún propósito.
Además sin saber muy bien hacia dónde me dirigía porque nunca me había llamado Dios por el camino de la escritura. En el colegio nunca fue uno de mis puntos fuertes. Y en la facultad, tampoco. Bueno, en la facultad igual un poco, porque como dice uno de mis mejores amigos, «Me río yo de ChatGPT. Las respuestas que escribíamos en los exámenes de la carrera, sin tener ni la más mínima idea de lo que nos habían preguntado, sí que era inteligencia artificial».
Pero en un momento dado empecé a teclear, y hasta ahora.

A día de hoy lo sigo haciendo por lo mismo, por convicción y sin ningún propósito.
Entre otras cosas porque si en este tiempo no ha pasado nada especial, no creo que ya suceda.
¿Que pienso que igual sí hubiese tenido sitio en algún medio? Sin duda. Pero que no lo haya conseguido no significa que por ello tenga que dejar de hacerlo.
La vida no siempre te da una habilidad para que la luzcas en público. Muchas veces prefiere que lo hagas en petit comité, reservando ese derecho a otros.

Así que ya sabéis, Dios mediante, y si el tiempo no lo impide, por aquí aparecerán de nuevo el Sanjo; las patatas bravas; Madrid y Valladolid. Las perlitas y su significado. Otra vez Paloma, de Calamaro, en cualquiera de sus versiones. La importancia de la buena educación y el respeto en todos los ámbitos, y de la desgracia que es ver que se está perdiendo. Un poco de jazz, un poco de rock, otro de pop, y por supuesto nada de reggaeton. Star Wars; las pelis de John Ford; Jose Luis Garci, haga lo que haga. Mi madre y mi familia, a los que quiero mucho, y de los que tanto aprendo. Y sobre todo, hablaré de vosotros, que me lleváis acompañando catorce años –casi quince– dándome vuestras opiniones e impresiones, vuestro apoyo, y sobre todo vuestro cariño.
Porque tras los Besos para ellas y un abrazo para los demás… Se os quiere y lo sabéis.

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