El día está gris, llueve, y en mi equipo de música está Joao Gilberto entonando bossa nova con melancolía y lenta cadencia.

Hace un par de horas hemos visto como Nadal nos ha dejado el sinsabor de la derrota, pero al mismo tiempo nos ha llenado de orgullo tras, como siempre, demostrar que es un grandísimo tenista, pero casi mejor persona.
¡Grande Rafa! ¡Enhorabuena, Roger!

En cuanto acabe de escribir esto, será el Kindle quién me estará esperando ansioso para acabar de contarme las andanzas de Javier Reverte por New York, New York  –que es, de momento, la única manera de conocer un poco más esa ciudad que me tiene embrujado como si de forma permanente estuviese bajo los efectos de un poderoso filtro de amor–.
(Señor Villa, quién sabe si por fin nos podremos presentar en persona la señorita que nunca duerme y yo, antes de los esperado, ¿verdad?)

Según escribo, me viene a la cabeza la noche de ayer, en la que tuve que tirar de oficio a la hora de trabajar. No era mi mejor día ni de lejos, tenía la cabeza en todos lados menos en donde debería (nadie es perfecto, y un día malo lo podemos tener cualquiera), así que me vestí con mi mejor sonrisa y el traje de faena, y pelee una canción tras otra para conseguir que la sombra de mi pesadumbre no llegase más allá de mis pies.
Estoy casi seguro que lo conseguí. Gracias a todos los que me ayudasteis a ello, porque esto no es cosa de uno solo. Nunca.

El saxo de Stan Getz sigue sonando de fondo.
¡Qué delicia de disco he descubierto!

Hoy además escribo esto porque tengo blog nuevo y quiero estrenarlo.
Nada llamativo en los cambios he hecho, pero me apetecía renovar un poco el marco de esta ventana que tiene mi alma abierta al mundo.
A veces una simple pincelada puede cambiar por completo algo, y aunque las cosas que funcionan  dicen que no hay que tocarlas, voy a correr el riesgo. Ya me diréis que os parece.

Así que hasta aquí esta ligerísima reflexión de hoy, que no es más un pensamiento en alto que ha sido convertido en escrito de sobremesa.
Espero que tengáis todos una tarde tan plácida como la que a priori me espera, y que es de esas que apacigua el cuerpo y el espíritu.

 

Besos para ellas y una abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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VIVIR EN EL CÍRCULO DE RECREO
¿Y SI ME GIRO?