ES DOMINGO POR LA MAÑANA

ES DOMINGO POR LA MAÑANA

ES DOMINGO POR LA MAÑANA

Después de la 500, la 501. Como los Levi’s. Aquellos pasaron a la historia, cosa que, con una certeza casi meridiana, no creo que consiga esta columna. Pero hay que hacerla, para poder así seguir sumando otras como se suman años, amores y botellas de whisky.

Para ello me he puesto a escribir desde el tren, según vuelvo de Madrid. Sin distracciones ni interrupciones, y con ese traqueteo que hace que los pensamientos se alineen. Voy sentado en la plaza 007, que elijo siempre que puedo con cierto fetichismo cinematográfico. Lo hago con el Darkness de Springsteen sonando por mis auriculares. Los cuales, por cierto, tienen cancelación de ruido, que es la novena maravilla del mundo moderno. Lo rebatiré con quien sea, a las tres de la tarde o a las de ocho de la mañana, extramuros si fuere necesario. El arma sería elegida por usted. Hágase acompañar de un buen padrino.

Y hablando de padrinos, hace ya unas semanas que soy, oficialmente y a ojos de Dios, uno de ellos. Bendita Violeta, a quien sus padres han tenido a bien convertir en mi ahijada. Enorme placer por ello, y muy orgulloso de serlo. Gracias.

Algún día, y a falta de hijos que ese mismo Dios no ha tenido la bendición de concederme, empezaré a escribir cosas por aquí dirigidas a ella. Espero que no sea vergonzosa, porque puedo llegar a ponerme muy cursi. Le pido perdón por ello desde ya.

Por cierto, me sorprendió el protagonismo de mi persona —como padrino, no como yo mismo— en la celebración del sacramento. Acostumbrado a ver a novios y más novios pasar por el altar como el que está en la puerta de un ultramarinos de barrio esperando a que alguien salga de hacer la compra, en el bautismo un padrino tiene encomendadas varias tareas de rango, y nunca me había percatado. Me postulo desde ya para próximas celebraciones con la confianza que da el haber desempeñado un buen papel en la primera. Además, desde hace ya unos años, soy una persona responsable y seria. Y sé rezar la salve, cosa que otorga puntos de cara a la Iglesia. Avisados están.

Siguiendo con la concatenación de ideas que se me empiezan a amontonar en la cabeza, y gracias a ser responsable, como acabo de decir, puedo estar en el tren escribiendo.

Y es que, cuando tres de mis más antiguos amigos me dijeron el sábado: «Vente un rato, que no nos vamos a liar mucho», demostré que lo soy y respondí que no. Porque sabes que, a pesar de que lo dicen con la mejor de las intenciones, te están proyectando la mayor de las mentiras; y de haberles dicho que sí, a la hora en la que ha salido el tren, lo más fácil es que estuviese en plena lucha con esa muerte que acecha los domingos por la mañana a los que tienen noches despreocupadas.

Es entrañable que aún te lo sigan diciendo cuando somos amigos desde 1981. La expresión «correrse juergas» la has acuñado con ellos, dándole un significado pleno cada fin de semana que hubo entre principios de los noventa y una fecha indeterminada, cercana a los años veinte del siglo XXI. Si esa propuesta se hubiese hecho hace no tanto tiempo, la respuesta habría sido: «¿Dónde estáis, que voy? Me voy mañana a Madrid, pero con llegar a las siete y cincuenta y cinco a la estación, me vale». Sabiendo, además, que habría muchas posibilidades de que hubiesen acabado conmigo tomando el vermú y unas buenas bravas en algún bar castizo, como alguna que otra vez que se complicó la noche.

Pero eso ya es otra historia.

Así que vamos a ir acabando, que el tren llega a destino y la 501 se está haciendo más larga de lo debido.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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