Puestos a elegir ser un soltero –dado que es la condición que me tiene reservada la vida de momento–, siempre pensé que estaría bien ser “Deivid”, el primer ministro inglés que interpretó Hugh Grant en Love Actually. Pero según pasan los años, veo para mi desgracia que me estoy convirtiendo en Jack Nicholson.
Y no en el Jack Nicholson de Easy Rider, ni el de Las Brujas de Eastwick, ni siquiera el de Cuando menos te lo esperas, sino que me estoy convirtiendo en el Jack Nicholson de Mejor Imposible.

Ayer por la mañana salí a la calle a hacer unas gestiones, y fui todo el camino enfurruñado, malhumorado, renegando de mis congéneres. Sintiendo como que la gente se había puesto en mi contra taponándome las calles semi vacías de una tranquila mañana de agosto en Valladolid (lo cual mira que es difícil), y ralentizando mi paso hasta niveles procesionarios de Semana Santa. A punto estuve de perder mi proverbial paciencia y empezar a soltar exabruptos para espabilar las almas dormidas de los viandantes atrofiados.

Me hicieron andar raro, teniendo que movemer como un ninja en DEFCON 1, porque la gente se paraba de repente, se giraban sin previo aviso, no levantaban la cabeza del móvil, e incluso se ponían a mirar hacia atrás sin dejar de andar hacia delante… He visto pruebas de conducción extrema con menos obstáculos que mi paseo matutino de ayer.
Llegué a casa ofuscado, y me puse a escribir mientras escuchaba música, sin querer saber nada de todo lo que me rodeaba. Me había convertido en Melvin Udall.

A partir de aquí, quiero seguir con el punto de vista humorístico de la situación en vez de ponerme melodramático, porque hay veces que es mejor ver la vie en rose que afrontar la cruda realidad, para darse cuenta que la vida transcurre como transcurre, y no como quieres tú que transcurra.

Como decía, me había convertido en él de sopetón. Ya me estaba viendo entrando en casa y echando el pestillo hasta cinco veces o llevándome mi propia jarra de plástico por las mañanas a La Pérgola… Y tras un primer momento de terror, dado que muchas veces se comporta como un cabrón de tomo y lomo, luego pensé que a este hombre lo único que le pasa es que no había encontrado con quien disfrutar de la vida. No había encontrado nadie que, como dice él, “le haga ser mejor persona”.

¿Estaré convirtiéndome en un huraño tras haber sido una persona altamente social?
Quiero pensar que esto no es más que producto del calor imperante estos días (algo normal por otra parte en agosto, como dice mi amigo Fernando Castro), porque yo sí que he encontrado gente a mi alrededor por la que quiera ser mejor persona. Así que no debería preocuparme de mi cambio de personalidad, sobre todo sabiendo que se me pasa poniendo en marcha el aire acondicionado, o pensando que en unos días vuelvo a Comillas a disfrutar de ese clima que hace que nunca sobre una manta por las noches.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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