Que ésta fuese la primera canción que aprendí a tocar con la guitarra dice poco de ella, y mucho menos de mí.

Entre lo poco que dice, que mis cualidades técnicas como músico no eran muy elevadas, y que aprendí a tocarla para ligar. Ni más ni menos.
Así que como esta serie versa mucho sobre las canciones sobres las que escribo, pero también un poco sobre mí y mi entorno, he considerado importante reseñarlo.

Risk es una de esas canciones que se aprenden para cantar a las muchachas, con mucho sentimiento –mirándole a los ojos, si no fuese porque todavía tocamos lo justito y no podemos levantar la vista del mástil–. Que habla de enamoramientos, de citas a ciegas, de tardes grises que se llenan de color (madre mía, creo que nunca había pensado en el azúcar de esta letra).

¿Cursi? Mucho. Pero, ¿quién no ha pasado por esa etapa de las mariposas revoloteando en el estómago como adictas a la heroína sin metadona?
Por eso a los “entomólogos” de aquellos años nos gustaban mucho estas canciones que incluían tardes grises que se convertían en máquinas infalibles de proporcionar cines y citas con ella en un bar, al calor de un café, mientras os mirabais todavía tímidamente, pero con ganas.

Y todo esto provocado por una partida de Risk, que era ese juego de sangrientas guerras entre países, y que de repente pasó a convertirse en una especie de Cupido –armado con cañones en vez de con un arco y unas flechas–.
Desde luego Tontxu se tomó al pie de la letra eso que dicen que el amor aparece cuando menos te lo esperas, porque sino vosotros me diréis el romanticismo que puede haber en un juego de estas características. De ahí que luego añadiese lo de “un Trivial, un parchís” para aumentar un poco las probabilidades de éxito con otros juegos de mesa –a punto estuvo de añadir el Magia Borrás, pero le iba peor para la rima–.

Aunque he de confesar que esta canción tiene para mí otro significado, también romántico, pero de otro tipo. Y es que sonaba y sonaba en el programa insignia de nuestro gremio de atontados enamoradizos –con toque de rebeldía e inconformismo–, La Gramola.

La Gramola fue un programa radiofónico conducido por Joaquín Guzmán, que nos tenía pegados a la radio durante las tardes-noches de mediados de los ’90. En él sonaban de manera muy habitual gente como propio Tontxu, Carlos Goñi –que dio título a su canción “Una lluvia violenta y salvaje” gracias a las opiniones de los oyentes del programa–, Rosana  (“Si tú no estás” merece ser tratada como la preciosa canción que es), Ismael Serrano, Javier Álvarez, Kiko Tovar… Y allí oí mucha música, descubrí mucha música, conocí un poco más a los artistas que por él pasaban, y pude comprobar que los gustos de la gente eran muy parecidos a los míos.
Eso daba sensación de pertenencia a un club, de formar parte de otra familia no necesariamente biológica, lo cual en aquellos años alocados, era algo que nunca estaba de más. Era tu lugar privado al cual ibas todos los días a relajarte, y de paso ver qué te contaban en resto de socios.
Echo de menos esos programas, y más aún tener la edad para poderlos escuchar de esa forma…

Eso sí Tontxu, una cosa te tengo que decir, además de darte las gracias por componer esta canción: desde que el otoño llegó con su alfombra marrón tendida en las aceras que empezaste a tontear con la chavala, hasta que en primavera lanzaste los dados, salieron seises y os besasteis, prisa, lo que se dice prisa, no te diste.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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