UNA VEZ FUI CAMPEÓN DE TRIVIAL

UNA VEZ FUI CAMPEÓN DE TRIVIAL

UNA VEZ FUI CAMPEÓN DE TRIVIAL

Una vez gané un campeonato de Trivial del Sanjo.

«Pues vaya porquería», pensaréis muchos.
Y sí, es una porquería comparado con las grandes hazañas de la humanidad. Pero para el que aquí suscribe fue un gran honor y una gran satisfacción haber ganado aquel campeonato, durante el curso de nuestro señor 1989-1990.

Por aquel entonces íbamos a competir con gente que nos sacaba entre uno y tres años. Grandes mentes pensantes del San José. De esos que contaban sus notas por dieces, y que en los recreos se quedaban en clase porque no encontraban otra cosa mejor que hacer que, no sé, ¿Repasar lo que se había dado en las horas anteriores?. ¿Preparar las siguientes?. Ni idea, nunca me quedé durante un recreo en clase.
Y nosotros éramos, cómo decirlo sin ofendernos… unos adolescentes alelados que no hacíamos más que dar guerra en clase. De los que prestaban atención sólo cuando nuestras guapas compañeras salían al encerado. Y a veces, ni eso…

Éramos «La perita en dulce de la competición», «Los mermaos a los que vamos a pulir en un plis», «De los que nos vamos a escojonar con cada respuesta que den».
Pero no. Fuimos pasando eliminatorias, y ganado a conjuntos más fuertes –no recuerdo si con más o menos esfuerzo–. Así que en la final nos plantamos.
Y que como no podía ser de otra forma, para adherir más adversidades al hecho, la habían puesto la mañana siguiente a la verbena que en el colegio se organizaba. Total, los equipos finalistas no creo ni que tuviesen la intención de ir a la misma, así que no había problema para ellos.

¡Pero nosotros claro que íbamos a ir!
Y de hecho íbamos a disfrutarla porque era una de las fiestas del año. Y más cuando tienes 14 años y vas a estar rodeado de chicas de 17, ¡¡que incluso vienen de otros colegios!!

A la mañana siguiente nos presentamos, sí. Aunque sólo 2 de los 8 componentes del equipo.
Y es que aunque tampoco bebiéramos como Hemingway, alguna que otra jarra de cerveza pediríamos. Y aquello no caía en saco roto.

Llegamos tarde, por supuesto. Y al entrar sufrimos la inquisidora mirada de todos los demás participantes–todos mayores que nosotros, y con sus formaciones al completo–, que además seguían viéndonos como los tolones que se suponía que éramos.

Pero pregunta tras pregunta, quesito tras quesito, nos pusimos a tiro de campeonato. En un muerte súbita que se resolvería al que acertase más preguntas de una tarjeta.
«¿Que usó por primera vez el ejército español en la Toma de Orán?»
Nadie había dado un duro por nosotros hacía unos días, y cuando de nuestras bocas salió la palabra «arcabuz», muchos pensaron que ahí había acabado nuestra suerte.
Aunque no fue así. El arcabuz además de facilitar la toma de Orán por parte del Cardenal Cisneros, nos dio la victoria en aquel campeonato.

Y no, no nos llevamos ningún premio físico, ni siquiera un mísero trofeo.
En cambio aquello nos proporcionó una gran satisfacción personal, al haber luchado contra las adversidades y los elementos, y haber salidos victoriosos cuando todo hacía presagiar el mayor de los fracasos.

Aquella fue una gran lección que me ha valido muchas veces en los años sucesivos.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y los sabéis.

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