NAVIDADES SIN ESTRÉS

NAVIDADES SIN ESTRÉS

NAVIDADES SIN ESTRÉS


Creo que este año, después de mucho tiempo, voy a tener vacaciones de Navidad.

La última vez que esto sucedió, es probable que en invierno aún hiciese frío, y las heladas cayesen un día sí y otro también. Es probable que también aún fuese al colegio, y aprovechásemos esas mismas heladas para meternos en el Toledo a tomar un café a primera hora, en vez de ir a clase a oír al Spielberg hablar de la vida y obra de Sócrates y Platón. La cual, aún a pesar de no dudar de su atractivo e importancia, a esas edades, me seducía poco.
Era mucho más interesante hablar de cuán guapa venía Elena hoy, o si iba a ver a Blanca el fin de semana.

Desde entonces, ya no viví unas Navidades libres de preocupaciones y ajetreo… Hasta estas.

Además, tengo planeado todo lo que voy a hacer de aquí al día 9 de enero.
Y va a ser, exactamente, lo que me plazca en cada momento.
¿Que madrugo? Fenomenal. ¿Que no? Igual de fenomenal.
¿Que como a las 12 del mediodía? Me sentiré más ciudadano del mundo. ¿Que lo hago a las 5 de la tarde? Español hasta la médula.
¿Hay plan? Me apunto. O bueno, quizá no.

Me apetece vivir la ciudad en Navidad. Ver a la gente sonreír, aunque sólo sea unos días y de manera casi imaginaria. Pero sonreír al fin y al cabo.
Y con ellos, yo. Feliz de mi estado catártico producido por la nada. Esa nada que me va a llevar de un lado a otro, intentando llenarse de buenos y placenteros momentos que me dan para escribir de ellos en otro determinado momento.
Disfrutar de la Nochebuena y de la Navidad. De la Nochevieja y el Año Nuevo, recibido con las palmas de Johan Strauss (padre).

Quiero disfrutar mucho de mi familia. Desperdigada en este momento, pero a la cual espero ver durante estas fechas.
Desayunar con ellos chocolate y porras cualquiera de estos días, en la mesa de la cocina, cuando menos se lo esperen.
En uno de esos en los que quien sabe si antes no habré salido a hacer fotos primero, y compraré churros como para alimentar a todo el vecindario, del hambre que tengo tras la caminata.

Me apetece ver películas, ya sea a las 11 de la mañana, o a las 3 de la madrugada.
Esas películas que me sé de memoria, pero que no me importa revisionar, porque de cada vez extraigo algo nuevo. Y si no lo extraigo, no importa, porque las disfrutaré igual. Si amo la música, el cine no se queda atrás.
Hubiese estado bien ver Doctor en Alaska, pero hasta febrero no la estrenan en Filmin. Qué pena. Así que acabaré de ver Ally McBeal, que ya me queda poco (y que cada vez me gusta más, por cierto).
Y por supuesto veré con mi madre Navidades Blancas. Que es una película eminentemente hortera, pero qué sería de una Navidad sin ella.

¿Y si me voy fuera un par de días?
Plan ya tengo. Y además me han chivado que “una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid” son parte de él. Me gusta.
Ahora sólo falta que ese día, la nada, no haga de las suyas y decida por mí que mi presencia es requerida en otra parte que no sea la capital de España.

Como veréis, el plan, de insólitamente soso, se presenta interesante. Por lo menos para mí.
Aunque solo una cosa pido, tras toda esta retahila de hechos que he relatado: paz a los hombres de buena voluntad.
O bueno, para no ser tan profundo, también puedo pedir volver a preguntarme cuán guapa vendrá hoy Elena, o si veré a Blanca el finde.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: dentro de estas vacaciones, Los Ilustres no lo dejo. Ya sabéis que poner música, para mí, no es un trabajo. Así que viernes y sábado, allí estaré. ¡¡Faltaría más!!

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