SÍ. BUENAS NOCHES. DÍGAME

SÍ. BUENAS NOCHES. DÍGAME

SÍ. BUENAS NOCHES. DÍGAME

A medida que se van cumpliendo años, los mitos de uno –que son esas personas que en algún momento marcaron el devenir de mi día a día– van desapareciendo por esa mala costumbre que tiene la vida de no hacerlos inmortales.

Y reconozco que se me empiezan a ir demasiados, lo cual me apena bastante por dos motivos.
El primero por el adiós eterno de alguien a quien se admira y de quién en un momento u otro se disfrutó y se tomó como referente. Y el segundo, porque esto significa que la parte más larga de mi vida se empieza a ver por el retrovisor en vez de por el parabrisas.
Eso sí, mientras siga quedando camino por delante, vamos bien.

En una mañana cualquiera de este extraño otoño que estamos viviendo, leo que Carlos Pumares, Don Carlos Pumares, ha llegado a «Fin. Fundido en negro».
Esto le ha tenido que cabrear más que cuando alguien le decía que Humphrey Bogart no era buen actor. Y no me extraña, porque aunque nadie se muere en la víspera, no debe sentar nada bien que te llegue el día de convertirte en un finado, por mucho que hayas tenido una vida feliz y plena.

La del señor Pumares no seré yo quién la juzgue, porque para empezar no lo conocía en persona. Por lo tanto no puedo evaluar algo que desconozco. No soy tertuliano de televisión.
Pero sí que estoy seguro de que le gustaba lo que hacía. Por lo menos mientras fue el cine su todo, su sol sobre el que orbitar, su Polvo de Estrellas. Nadie puede hablar con esa pasión de algo con lo que no disfruta. Y lo que es más importante, nadie puede transmitir esa misma pasión con la que se habla a todos aquellos que lo escuchan si no lo sientes como parte de ti.

Fui uno de aquellos que escuchó y aprendió, e hizo suya un poco de aquella pasión.
Nada hay mejor que recibir enseñanzas de los que saben, porque es la manera más fácil de entender todo aquello que es necesario aprender para forjarte como ser humano.
¿Y por qué no aprender del señor Pumares y de lo que nos explicaba de las películas?
Al fin y al cabo son la representación de muchas vidas. Tantas como historias se cuentan en ellas. Por lo tanto son una buen histórico que hacer nuestro en nuestro propio interés. Extrayendo, con nuestro propio prisma, aquello que el director pretendió contarnos.

Recuerdo también que aquel programa fue para mí una gran fuente musical. Porque además en él sonaban canciones a las que no tenía un acceso habitual, dado que no eran las que podían sonar en las radio fórmulas de aquellos años. Bing Crosby con su Stardust con el que cada noche decía su particular «Luces. Cámara. ¡Acción!», Frank Sinatra, Dean Martin, Cole PorterLee Marvin cantando Wand’rin’ Star. ¡Cuántas veces sonaría a lo largo de los años!
Una suerte que, con el tiempo y ante la ausencia de cosas así en la actualidad, hemos aprendido a darle todo el valor que tuvo.

Y todo esto bajo la dirección, y nunca mejor dicho, de un señor al que cuando le alababan todo su saber, siempre respondía «Es mi trabajo. ¿Acaso no sabe un médico de medicina?»

Por todo ello, gracias, Don Carlos Pumares. Espero que desde ahora pueda departir en amigable charla con Ford, con Wilder, con Wells, o con Capra.
Y una cosa le pido. A su querido Garci, déjenoslo por muchos años más. Que como he dicho al principio, me estoy quedando ya sin mitos, y no me apetece perder otro.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

Pd.: por favor. POR FAVOR. Que este señor, no sea recordado como «el de Fibergran». Dado que en este país hemos sido capaces de recordar a Umbral por venir a hablar de su libro, y a Fernán Gómez por su vehemente manera de mandar a alguien a paseo.

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