XLVI

46 cumpleaños

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De nuevo me encuentro ante mi personal auditoría anual.
Y he decir que la de este año es positiva.

Parece mentira aseverar algo como esto en un año aun convulso y desordenado, pero ha sido así.
Quizá justamente por eso, dado que ante tanto descoloque me he vuelto ordenado y constante para poder llevar mejor la situación, y no empeorarla más

¿Cómo empezó todo?
Aprovechando los dos minutos que tarda el microondas en calentar el agua para hacer pequeñas tareas, en vez de quedarme mirando la puerta como las vacas al tren.

¿Que es una tontería? Probablemente. Pero es la base sobre la que me he basado para todo lo demás.
Gracias a ello, mi proverbial indolencia ha ido desapareciendo. Y el uso, de manera productiva, de esas pequeñas ventanas de tiempo, me ha llevado a ocupar otras muchas ya no tan pequeñas.

Lo he aplicado a mi vida cotidiana, y a mi vida laboral. En ambos mundos he mejorado gratamente mi situación.
Bien por mí.

Además, este orden militar lo he conseguido llevar hasta un campo en el que hasta ahora me desenvolvía mal. Muy mal. Fatal. El hábito alimenticio sano.
Vale que llevo poco tiempo con él, pero creo que ser disciplinado en otros órdenes de mi vida está consiguiendo que me cueste menos llevar una dieta en la que, los señores que saben de esto, han sacado de ella la pasta, el arroz, las patatas, la harina, la cerveza, el azúcar… ¡el whisky! Y han reducido a la mínima expresión el aceite, el pan y la sal.
Hay gente que antes preferiría morir, ya os lo digo.
Esperemos que el esfuerzo merezca la pena.

Por lo demás, varios apuntes.

Junto con esta dieta férrea, me recomiendan hacer ejercicio.
Hace tiempo que Dios no me llama por esos derroteros, por lo tanto, por hacer más de lo que debo, y para lo que no estoy preparado, no voy a poner en peligro esa salud que estoy tratando de arreglar a través de la ingesta de alimentos sosos. Así que para no forzar, retomé la bici –mientras veo, de nuevo, Mad Men–, y salgo a pasear.

Me acerco al grado de senectud que mi DNI marca, y pasear es un “Must”. Pero a esto le he encontrado un complemento fundamental: llevarme siempre la cámara de fotos.
Gracias a ello, he visto Valladolid y Madrid de otra manera. A la par que me entretengo bastante haciéndolo, en una época en la que mi vida social consiste en dar los buenos días a la farmacéutica, y muy de vez en cuando decir hola por El Farolito o Sala de Estar.

Sigo sin poner música en bares, a pesar de seguir recibiendo proposiciones, algunas de ellas indecentes.
Me halaga mucho que se siga pensando en mí, pero sigo sin estar preparado. Además, cuanto más tiempo pasa, menos lo estaré.
Cada cosa tiene su tiempo, y el mío en las cabinas ha pasado como pasó el Antiguo Egipto o el Imperio Romano.
“Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”, dice Sabina.

Mantengo los amigos que necesito; sigo escribiendo con asiduidad; la música me acompaña de manera continua y efectiva, y he descubierto una canción que me tiene loco. Ésta; mi familia muy bien, gracias; he reformado el despacho tan a mi gusto, que hasta me levanto animado los lunes; una vez que he descubierto que no está mal viajar solo, se me abren muchas opciones este año que espero cumplir; y por supuesto, conocí a David Summers -que será algo que para muchos no signifique nada, pero sí para mí, como bien reflejé aquí–.

Cuarenta y seis, tienes el listón alto. Espero que sepas aceptar el reto de superarlo, aunque sea por un centímetro.
Y como esto acaba de empezar, a por ello!!

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis

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