Comida

Hace más o menos una hora, iba a empezar a escribir sobre "manzanas", y hete aquí que recibo un mensaje del gran Simón, anunciándome la inminente llegada de uno de mis actos solidario preferidos (bueno, y de mis actos sin más, solidarios o no).

La XV edición de la Subasta benéfica de capones de Cascajares, a favor de la Fundación DOWN Madrid

¿Así que por qué no cambiar la temática del post?

"Hoy domingo de manta, peli y pizza!!" Escribes esto, todo contento, en las múltiples redes sociales que habitas –y que conforman ese mundo idílico en el que crees vivir–. Suena fenomenal, y es un plan con una pinta estupenda, pero, volvamos un poco para atrás... El día ha empezado unas horas antes –cuando te has levantado, todavía no sabiendo muy bien qué hora era, dónde estabas, o cómo llegaste ahí– y has estado unos dos minutos mirando fijamente un zapato suelto que hay por el suelo del dormitorio, mientras estás sentado en el borde de la cama esperando que toda la sangre empiece a fluir por tu cuerpo escombro. A esto has llegado porque ayer pensante que si los mayas fallaron en su predicción del mundo, tú estabas seguro de saberlo, y el fin del mundo iba a llegar hoy, así que te convertiste en el embajador de Jager y de José. Total, no iba a haber un mañana...

No soy yo contrario a adoptar costumbres de otros países y culturas. De hecho, creo que soy bastante aficionado a las americanas en concreto. Y sobre todo, las referentes a comida.

De hecho, de siempre me llamó la atención el brunch, y esa cualidad que le veía de calmar los desasosiegos que se puede tener una mañana de domingo si has tenido un "mal despertar". Sus huevos benedictinos, su bacon churruscante, su Bloody Mary bien cargadito, y cualquier cosa grasienta que se te pasese por la cabeza a esas horas.

Pero hoy, justamente hoy, al leer una cosa al respecto, me ha embargado de pronto un sentimiento patrio que me ha llevado a pensar algo... Esto ya lo hacía yo desde los 16 años!!! Eso sí, a mi modo. Y me explico.